2011/04/20

Cuidado con los Cortos Circuitos “Todo está conectado con todo”



Lo que haces aquí provoca ecos allá. Invisibles lazos nos unen a todas las cosas de este planeta y del Cosmos. Todo lo que sucede en el mundo te afecta a ti. 

 No hay una sola persona, del presente del pasado o del futuro, con la que no estés relacionad@. Lo que das o haces a los otros, te lo das o haces a ti mism@.

Sin embargo, para poder vivir tu propia vida, te es necesario crear un “jardín secreto”. Si no lo haces así, te invaden tus parientes, tus amigos, tu jefe, cualquier intruso, abusador o ego carismático. Lleno de esos personajes, dejas de ser ti mism@. Cuando en amor persigues la simbiosis total, cometes un error. La soledad interior es absolutamente necesaria. 

 
Debes aprender a defenderte psíquica y materialmente para no ser invadid@. No es egoísmo sino supervivencia. Tienes que tener algo que sea solamente tuyo, aunque, para comenzar, sólo sea un objeto pequeño, un rincón, un animal, una planta.

Conocí un curandero mexicano, Carlos Said, que antes de sanar a sus pacientes con ritos, fumigaciones y hierbas, le ponía en el cuello una gruesa cuerda con nudo corredizo diciéndole: “Este lazo te indica que esta enfermedad es tuya y no mía. No soy yo el que la va a curar, te pertenece. ¿Comprendes? Estás enfermo porque no has sabido cuidar lo tuyo”. La enfermedad es la búsqueda desesperada por tener un territorio personal.
Lo primero que tienes que hacer para dar algo a los otros, es ser capaz de dártelo a ti mism@.







“Todo es posible”.
Por cierto, pero para que todo te sea posible es necesario que los otros crean que esto es verdad. Si quieres que una cosa sea posible, debes hacer creer a los otros que tú puedes hacerlo. Si los otros no lo creen, no lo lograrás. Tu trabajo entonces, dándote cuenta que la energía cósmica está en todas partes, consistirá en convencerte que lo que haces está bien. Reuniendo todas tus fuerzas, haciendo acopio de toda tu voluntad, cortándote de la inercia del pasado, de las numerosas repeticiones en la que se empantana tu familia, de las angustias que te provoca el futuro, te sumergirás en el presente diciéndote “Si no es ahora, ¿cuándo?; si no es aquí, ¿dónde?; si no soy yo ¿quién. Aquí ahora mismo está mi poder. Lo acepto y lo absorbo. Este presente en que vivo es el mismo presente en que viven todos los seres del universo, toda la materia cósmica. 




Este inmenso poder vital, está en mí, en mi cuerpo y en mi espíritu. Puedo cambiar de inmediato aquello que es un lastre, un hábito innecesario que me sumerge en el pasado, toda defensa de ser lo que en verdad soy por miedo a perder, a dejar de tener, a ser excluid@. Tomaré con todo mi poder, ahora mismo, la decisión de dejar de fumar, de depender emocionalmente de personas que reconocen mis valores, de quejarme de que nadie me ama porque tengo el corazón cerrado, de buscar jefes, de mendigar trabajos en lugar de crear mis propias actividades, etc… Este es el momento en que comienzo a respetarme… 






¿Con quién vivo? ¿A quién o quiénes frecuento? ¿Me alegran la vida? Me separaré de aquellos que con sus palabras o actos me quiten la alegría de vivir. Si una “amiga” viene a verme para llenar su tiempo y hablar de ella misma durante horas, sin interesarse en mí, interrumpiré su cháchara diciéndole: “Hace un largo rato que me hablas sólo de ti, ya me has vampirizado demasiado tiempo, ¡basta!, corto contigo, vete, te retiro el saludo”.
 


Si no te sientes con suficiente autoridad para lograr el poder personal, haz este ejercicio:



Anticípate a dar ordenes a aquello que naturalmente va a suceder. Levántate muy temprano y antes de que salga el sol, grita hacia el horizonte: “¡Ordeno que salga el sol!”. Apenas sientas que caen unas gotas, mira hacia el cielo y di: “Ordeno que comience a llover”. Ponte en una calle transitada y ve pasar los coches diciendo: “Ordeno que los coches avancen”. Si un jefe te habla mal, piensa: “¡Ordeno que este Jefe sea desagradable!” Es así como aprenderás a creer en ti mism@.
Al cabo de un tiempo, sintiéndote muy segur@, podrás decirte: “¡Me ordeno realizar bien esto! ¡La realidad puede obedecerme!”. Y la realidad te obedecerá.

Alejandro Jodorowsky

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