2011/09/19

Molusco Volador I




La idea de soltarse de la caracola implica un suspiro largo que te lleve hasta la nube más cercana donde pueda dejar el miedo al dolor. El hecho de soltarse de ella me produce una habla entre sonrisas pequeñas (pequeñitas) y carcajadas generosas cuando imágino mi sangre. 


Cuánto abarca la libertad si se escapa de la palabra misma y se vuelve ebullición en cada célula, me hace sentir que tengo alas cuando cierro los ojos incluso entre abiertos los ojos, la imágen tímida persiste. 



Han pasado los días en un planeta sin tiempo , rezagada en un pequeño palpitar se quedaron los planos de la libertad, se expresar una mirada que levante suspiros, que desgarra pantalónes, que detienen por un segundo la respiración , esas que provocan un hervor tricolor. Mi mundo interno  es una ola que se envuelve y se arrastra hasta la orilla próxima. Mi corazón un molusco enrollado en una caracola espiralada.   


Alternando contracciones y elongaciones mi cuerpo se estiraba, queria alcanzar el cielo haya donde me esperaba un papagayo en promoción quería llegar para arrancarle sus alas.


 Remolino, torbellino, miedo estomacal, me mire al espejo mi cuerpo solo pudo llegar a convertirse en un gusano o algo parecido sufrí espasmos continuos, hasta que la cotidianidad del dolor me llevo a una evasión total. 


Enfrentar la libertad es tan peligroso como enfrentarse a uno mismo. 


Por la lentitud de mis movimientos perdí fuerza 


Intentos
alternando miedo
contracciones de ira 
 y elongaciones de ansiedad




De que sirve si salimos vivos del viaje y regresamos lúcidos ,,, el verdadero viaje es regresar un poco más locos, casi como ella, o como el .





Sin saberlo sufría


La situación de alerta llegó con una señal , el viento del abismo me golpeaba, la adrenalina se disparó y solo quería saltar al vacío... los colores de amarillo pasaron a rojos tan fuertes y yo me sentí felíz, en verdad era una euforia, no habia consencuencias solo el momento, no habia angustia ni miedo, no quería huir solo sentir la altura deborándome en caída libre en mitad del recorrido me dí cuenta que no tenía alas.


La sala de urgencias fue mi habitad por mas de tres meses y aquí estoy leyendo ...

Casi veinte años después de que empecé a sentir que el cine iba a ser una de las partes más importantes de mi vida, exactamente el diez y seis de marzo de este dos mil diez, se proyectó ante mi la más bella de todas las escenas que hasta hoy he visto, y por supuesto lloré, lloré lleno de paz, lleno de una forma de amor que nunca antes había sido capaz de sentir y lo hice cuando en tiempo real, tomado de la mano de la mujer que amo, vi en blanco y negro las formas de una imagen que hoy, hecha realidad, me sigue haciendo derramar unas lágrimas que ningún otro evento fílmico ha logrado;  las imágenes en blanco y negro de una ecografía que me dijo que sería el papá de Mateo, el niño que llego ya hace casi dos meses para quitarme parte del tiempo que gastaba en las salas de cine, pero para regalarme cada día unos insuperables planos secuencia que no paran de alimentar mi lacrimosa herencia.
© Tomás Corredor +

Los periódicos y una que otra película se volvieron mi mundo. Me dieron de alta con la condecoración de varias cicatrices resultado de siete cirugías  y cartones de honor de muchos procesos de rehabilitación pendientes... Y aquí sigo con vida...




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