Parte I
A lo largo de la historia,
las tierras espirituales de la Mujer Salvaje han sido expoliadas o quemadas,
sus guaridas se han arrasado y sus ciclos naturales se han visto obligados a
No es ninguna casualidad que la prístina naturaleza virgen de nuestro planeta
vaya desapareciendo a medida que se desvanece la comprensión de nuestra
íntima naturaleza salvaje. No es difícil comprender por qué razón los viejos bosques
y las ancianas se consideran unos recursos de escasa importancia. No es
ningún misterio. Tampoco es casual que los lobos y los coyotes, los osos y las
mujeres inconformistas tengan una fama parecida. Todos ellos comparten unos
arquetipos instintivos semejantes y, como tales, se les considera erróneamente
poco gratos, total y congénitamente peligrosos y voraces.
... mi amor por la Mujer
Salvaje nació cuando era una niña. Más que una atleta, yo era una esteta y mi
único deseo era ser una caminante extasiada. En lugar de las sillas y las mesas,
prefería la tierra, los árboles y las cuevas, pues sentía que en aquellos lugares
podía apoyarme contra la mejilla de Dios...
Era una época en la que los padres que maltrataban a sus hijos eran llamados
simplemente "severos", en la que las heridas espirituales de las mujeres
tremendamente explotadas se calificaban de "agotamientos nerviosos", en la que
las chicas y las mujeres bien fajadas, refrenadas y abozaladas se llamaban "buenas"
y las hembras que conseguían quitarse el collar para disfrutar de uno o dos
momentos de vida se tachaban de "malas".
No se puede abordar la cuestión del alma femenina moldeando a la mujer
de manera que se adapte a una forma más aceptable según la definición de la
cultura que la ignora, y tampoco se puede doblegar a una mujer con el fin de que
adopte una configuración intelectualmente aceptable para aquellos que afirman
ser los portadores exclusivos del conocimiento. No, eso es lo que ya ha dado lugar
a que millones de mujeres que empezaron siendo unas potencias fuertes y naturales
se hayan convertido en unas extrañas en sus propias culturas. El objetivo
tiene que ser la recuperación de las bellas y naturales formas psíquicas femeninas
y la ayuda a las mismas.
El anhelo aparece cuando una se da cuenta de que ha
dedicado muy poco tiempo a la hoguera mística o a la ensoñación, y demasiado
poco tiempo a la propia vida creativa, a la obra de su vida o a sus verdaderos
amores.
La "mujer que vive al final del tiempo" o la "que vive en el borde del mundo". Y esta criatura es siempre una
hechicera—creadora o una diosa de la muerte o una doncella que desciende o
cualquier otra personificación. Es al mismo tiempo amiga y madre de todas las
que se han extraviado, de todas las que necesitan aprender, de todas las que tienen
un enigma que resolver, de todas las que andan vagando y buscando en el
bosque y en el desierto.
Cuando trabajamos
el alma, ella, la Mujer Salvaje, crea una mayor cantidad de sí misma.
Una narradora en estado de trance invoca al duende , el viento que sopla
sobre el rostro de los oyentes y les infunde espíritu. Una narradora en estado de
trance aprende a desdoblarse psíquicamente a través de la práctica meditativa de
un relato, es decir, aprendiendo a abrir ciertas puertas psíquicas y rendijas del
ego para permitir que hable la voz, una voz más antigua que las piedras. Una vez
hecho esto, el relato puede seguir cualquier camino, se puede cambiar de arriba
abajo, llenar de gachas de avena y destinarlo al festín de un menesteroso, colmar
de oro, o puede perseguir al oyente hasta el siguiente mundo. El narrador nunca
sabe qué le saldrá y en eso consiste por lo menos la mitad de la conmovedora
magia del relato.
Los cuentos ponen en marcha la vida interior, y eso reviste especial importancia
cuando la vida interior está amedrentada, encajonada o acorralada. El
cuento engrasa los montacargas y las poleas, estimula la adrenalina, nos muestra
la manera de salir, ya sea por arriba o por abajo y, en premio a nuestro esfuerzo,
nos abre unas anchas y cómodas puertas donde antes no habla más que
paredes en blanco, unas puertas que nos conducen al país de los sueños, al amor
y a la sabiduría y nos llevan de vuelta a nuestra auténtica vida de mujeres sabias
y salvajes.
Cantar significa utilizar la
voz del alma. Significa decir la verdad acerca del propio Poder y la propia necesidad,
infundir alma a lo que está enfermo o necesita recuperarse. Y eso se hace
descendiendo a las mayores profundidades del amor y del sentimiento hasta conseguir
que el deseo de relación con el Yo salvaje se desborde para poder hablar
con la propia alma desde este estado de ánimo. Eso es cantar sobre los huesos.
No podemos cometer el error de intentar obtener de un amante este gran sentimiento
de amor, pues el esfuerzo femenino de descubrir y cantar el himno de la
creación es una tarea solitaria, una tarea que se cumple en el desierto de la psique.
La esencia salvaje que habita en la naturaleza ha recibido distintos nombres
y ha formado una red de líneas entrecruzadas en todas las naciones a lo largo
de los siglos.
La Que Sabe lo sabía todo acerca de las mujeres
y había creado a las mujeres a partir de una arruga de la planta de su divino
pie: por eso las mujeres son criaturas que saben, pues están hechas esencialmente
con la piel de la planta del pie que lo percibe todo. La idea de la sensibilidad
de la planta del pie me sonaba a verdadera, pues una vez una mujer culturalizada
de la tribu quiché me dijo que se había puesto sus primeros zapatos a
los veinte años cuando aún no estaba acostumbrada a caminar con los ojos vendados.
El lugar intermedio entre los dos mundos recibe distintos nombres. Jung lo
llamó el inconciente colectivo, la psique objetiva y el inconciente psicoide, refiriéndose
a un estrato más inefable del primero. Consideraba el segundo un lugar
en el que los mundos biológico y psicológico compartían las mismas fuentes, en el
que la biología y la psicología se podían mezclar y podían influir mutuamente la
una en la otra. En toda la memoria humana este lugar —llámesele Nod, el hogar
de los Seres de la Niebla, la grieta entre los mundos— es el lugar donde se producen
las visiones, los milagros, las imaginaciones, las inspiraciones y las curaciones
de todo tipo.
Aunque el lugar transmite una enorme riqueza psíquica, hay que acercarse
a él con una cierta preparación, pues uno podría ceder a la tentación de ahogarse
gozosamente en el arrobamiento experimentado durante su estancia allí. La realidad
correspondiente puede parecer menos emocionante comparada con él. En
este sentido, estos estratos más profundos de la psique pueden convertirse en
una trampa de éxtasis, de la cual las personas regresan tambaleándose y con la
cabeza llena de ideas inestables y manifestaciones insustanciales. Y no debe ser
así. Hay que regresar totalmente lavados y sumergidos en unas aguas vivificantes
e informativas que dejen grabado en nuestra carne el olor de lo sagrado.
Toda mujer tiene potencialmente acceso al Río bajo el Río. Llega allí a través
de la meditación profunda, la danza, la escritura, la pintura, la oración, el canto,
el estudio, la imaginación activa o cualquier otra actividad que exija una intensa
alteración de la conciencia. Una mujer llega a este mundo entre los mundos a
través del anhelo y la búsqueda de algo que entrevé por el rabillo del ojo.
Ésta es nuestra práctica de meditación como mujeres, conjurar los aspectos
muertos y descuartizados de la vida. El arquetipo que recrea a partir de algo
que ha muerto tiene siempre una doble faceta. La Madre de la Creación es siempre
también la Madre de la Muerte y viceversa. Debido a esta naturaleza dual o
doble tarea, el importante trabajo que tenemos por delante es el de aprender a
distinguir, entre todo lo que nos rodea y lo que llevamos dentro, qué tiene que
vivir y qué tiene que morir. Nuestra misión es captar el momento más oportuno
para ambas cosas; para dejar que muera lo que tiene que morir y que viva lo que
tiene que vivir.
Para las mujeres, el "Río bajo el Río", el río bajo el río del mundo, el hogar
de la Huesera contiene conocimientos directos acerca de los plantones, los rizomas,
el maíz de siembra del mundo. En México dicen que las mujeres llevan la
luz de la vida. Y esta luz está localizada no en el corazón de las mujeres ni detrás
de sus ojos sino en los ovarios, donde están depositadas todas las semillas antes
incluso de nacer. (En el caso de los hombres que exploran las ideas más profundas
de la fertilidad y la naturaleza de la semilla, la imagen equivalente es la bolsa
peluda, los cojones.)
Ésta es la sabiduría que se puede adquirir estando cerca de la Mujer Salvaje.
Cuando La Loba canta, lo hace desde los ovarios con una sabiduría que procede
de lo más hondo de su cuerpo, de su mente y de su alma. Los símbolos de la
semilla y el hueso son muy similares. Cuando se tiene el rizoma, la base, la parte
original, cuando se tiene el maíz de siembra, cualquier estrago se puede arreglar,
las tierras devastadas se pueden volver a sembrar, los campos se pueden dejar en
barbecho, la semilla dura se puede remojar para ablandarla, ayudarla a abrirse y
a germinar.
Poseer la semilla significa tener la clave de la vida. Estar con los ciclos de la
semilla significa bailar con la vida, bailar con la muerte y volver a bailar con la
vida. Es la encarnación de la Madre de la Vida y la Muerte en su forma más antigua
y original. Y, dado que siempre gira en estos constantes ciclos, yo la llamo la
Madre de la Vida/Muerte/Vida.
Si se pierde algo, a ella es a quien hay que recurrir, con quien hay que
hablar y a quien hay que escuchar. Su consejo psíquico es a veces duro o difícil
de poner en práctica, pero siempre transforma y restaura.
Si una mujer logra conservar el regalo de ser vieja cuando es joven
y de ser joven cuando es vieja, siempre sabrá lo que tiene que esperar. Pero,
si lo ha perdido, lo puede recuperar mediante un decidido esfuerzo psíquico.
Es la guardiana del alma. Sin ella, nos deformamos. Sin una línea de abastecimiento
que nos conecte con ella, dicen que los seres humanos son unos desalmados
o unas almas malditas. Ella da forma a la casa del alma y con su trabajo
manual la hace más casa. Es la del viejo delantal. Es aquella cuyo vestido es
más largo por delante que por detrás. Es la que anda siempre haciendo arreglos.
Es la hacedora del alma, la criadora del lobo, la guardiana de lo salvaje.
Por consiguiente, lo digo con afecto y con lenguaje sencillo, tanto si eres un
lobo negro como si eres un lobo gris del Norte, un lobo rojo del Sur o un blanco
oso polar, ten por cierto que eres la quinta esencia de la criatura instintiva. Aunque
algunos preferirían que te comportaras mejor y no te subieras alegremente a
los muebles ni te echaras encima de la gente a modo de bienvenida, hazlo de todos
modos.
Algunos se apartarán de ti con temor o repugnancia, pero a tu amante
le encantará este nuevo aspecto de tu personalidad, siempre y cuando sea el
amante adecuado para ti.
A algunas personas no les gustará que olfatees las cosas para ver lo que
son. Y tampoco les gustará que te tiendas de espaldas en el suelo Y' levantes las
piernas en el aire, qué horror. Niña mala. Lobo malo. Perro malo. ¿Tienen razón?
No. Tú sigue adelante y diviértete.
La gente se dedica a la meditación para descubrir su orientación psíquica.
Por eso hace psicoterapia y psicoanálisis. Por eso analiza sus sueños y crea arte.
Como los huesos secos, muchas veces empezamos en el desierto. Nos sentimos
privadas de nuestros privilegios, alienadas, sin relación tan siquiera con un
grupo de cactus. Para los antiguos, el desierto era el lugar de la revelación divina.
Pero, para las mujeres, se trata de algo mucho más que eso.
Un desierto es un lugar en el que la vida está muy condensada. Las raíces
de las cosas vivas se aferran a la última gota de agua y la flor conserva la humedad,
apareciendo tan sólo a primera hora de la mañana y a última hora de la tarde.
La vida en el desierto es pequeña pero brillante y buena parte de lo que ocurre
tiene lugar bajo tierra. Como en las vidas de muchas mujeres.
En un solo ser humano hay muchos otros seres, todos con sus propios valores,
motivos y estratagemas. Ciertas tecnologías psicológicas aconsejan detener
a estos seres, contarlos, darles un nombre y ponerles unos arneses hasta obligarlos
a avanzar con paso cansino como esclavos vencidos. Pero hacer eso equivale a
detener el baile de los destellos salvajes en los ojos de una mujer y es como detener
su relámpago e impedirle despedir chispas. Nuestra tarea no es corromper su
belleza natural sino construir para todos estos seres una campiña salvaje en la
que los artistas que haya entre ellos puedan crear sus obras, los amantes puedan
amar y los sanadores puedan sanar.
El desarrollo de una relación con la naturaleza salvaje forma parte esencial
de la individuación de las mujeres. Para ello, una mujer tiene que hundirse en la
oscuridad, pero sin estar irremediablemente atrapada o capturada ni morir en el
camino de ida o de vuelta.
Para refrenar al depredador natural 3 de la psique es necesario que las mujeres
conserven todas sus facultades instintivas. Entre ellas cabe citar la perspicacia,
la intuición, la resistencia, la capacidad de amar con tenacidad, la aguda
percepción, la previsión, la agudeza auditiva, la capacidad de cantar por los
muertos, de sanar intuitivamente y de cuidar de sus propias hogueras creativas.
Leopoldo Chauveau
Aunque buena parte de la psicología subraye la importancia de las causas
familiares de la ansiedad en los seres humanos, el componente cultural ejerce
tanta influencia como éstas, pues la cultura es la familia de la familia. Si la familia
de la familia padece varias enfermedades, todas las familias de esta cultura
tendrán que luchar contra las mismas dolencias. En mi herencia familiar se dice
que la cultura cura. Si la cultura sana, las familias aprenden a sanar, discuten
menos, son más restauradoras, mucho menos ofensivas y mucho más benévolas
y afectuosas. En una cultura dominada por el depredador, toda vida nueva que
tiene que renacer y toda vida vieja que tiene que desaparecer no pueden moverse
y las vidas espirituales de los ciudadanos están paralizadas tanto por el temor
como por el hambre espiritual.
el árbol del sol Monika Beizner
A un nivel muy mundano, es importante que una mujer tenga sueños del
tipo del hombre oscuro y de Barba Azul para poder eliminar de su vida la mayor
cantidad posible de negatividad. A veces es necesario limitar o espaciar ciertas
relaciones, pues cuando una mujer está rodeada exteriormente por personas que
se muestran contrarias a su vida profunda o no sienten interés por ella, esta circunstancia
alimenta al depredador interior de la psique y favorece el desarrollo de
su musculatura y su capacidad de agresión contra la mujer.
Las mujeres se muestran a menudo ambivalentes acerca de la necesidad de
atacar al intruso, pues creen que se trata de una situación en la que "mal si lo
hago y mal si no lo hago". Pero, si no se aparta, el hombre oscuro se convertirá en
su carcelero y ella en su esclava. Las mujeres temen que el intruso las persiga y
las lleve de nuevo a la sumisión, y este temor se refleja en el contenido de sus
sueños.
La Mujer Salvaje enseña a las mujeres a no ser "amables" cuando tengan
que proteger sus vidas emocionales. La naturaleza salvaje sabe que el hecho de
actuar con "dulzura" en tales circunstancias sólo sirve para provocar la sonrisa
del depredador. Cuando la vida emocional está amenazada, el hecho de trazar en
serio una línea de contención es no sólo aceptable sino también preceptivo.
Cuando la mujer así lo hace, su vida ya no puede sufrir intromisiones durante
mucho tiempo, pues ella se da cuenta inmediatamente de lo que ocurre y puede
empujar de nuevo al depredador al lugar que le corresponde. Ya no es ingenua.
Ya no es un blanco ni un objetivo. Y ésta es la medicina que da lugar a que la llave
—la llave pequeñita con los adornos encima— deje finalmente de sangrar.
La intuición es el tesoro de la psique de la mujer. Es como un instrumento
de adivinación o una bola de cristal, por medio de la cual la mujer puede ver con
una misteriosa visión interior. Es como si tuviéramos constantemente a nuestro
lado a una sabia anciana que nos dijera qué es lo que ocurre exactamente y si
tenemos que girar a la derecha o a la izquierda.
John Bauer +
El muñeco, está relacionado con los símbolos del duende, el trasgo, el
gnomo, el hada y el enano. En los cuentos de hadas éstos representan un profundo
latido de sabiduría dentro de la cultura de la psique. Son las criaturas que
llevan adelante la prudente obra interior y que jamás se cansan. La psique actúa
incluso cuando dormimos, muy especialmente cuando dormimos, e incluso
cuando no somos plenamente concientes de lo que hacemos.
De esta manera la muñeca representa el espíritu interior de las mujeres; la
voz de la razón interior, de la sabiduría y la conciencia interiores.
Las muñecas se utilizan como talismanes. Los talismanes son recordatorios
de lo que se siente, pero no se ve, de lo que es así, pero no resulta obvio con carácter
inmediato. El numen talismánico de la imagen de la muñeca nos recuerda,
nos dice y prevé las cosas. Esta función intuitiva pertenece a todas las mujeres.
Es una receptividad masiva y fundamental. No una receptividad como la que antiguamente
se enseñaba en la psicología tradicional, es decir, la de un recipiente
vacío sino una receptividad que consiste en tener acceso inmediato a una profunda
sabiduría que llega hasta los mismísimos huesos de las mujeres.
cindy revell
Ser fuerte no significa tener músculos y hacer flexiones. Significa afrontar
la propia numinosidad sin huir, viviendo activamente con la naturaleza salvaje
cada una a su manera. Significa poder aprender, poder resistir lo que sabemos.
Significa resistir y vivir.
Parte II
El servicio a lo irracional
El servicio a lo irracional
No hace mucho tiempo, las mujeres mantenían una estrecha relación con
los ritmos de la vida y de la muerte. Aspiraban el intenso olor a hierro de la sangre
fresca del parto. Y lavaban también los cuerpos medio fríos de los muertos. La
psique de las mujeres modernas, sobre todo de las que pertenecen a las culturas
industriales y tecnológicas, se ven privadas a menudo de estas benditas y fundamentales
experiencias de transmisión directa. Pero hay un medio para que la
novata participe plenamente de los delicados aspectos de los ciclos de la vida y la
muerte.
Lavar algo es un ritual de purificación eterno. Significa no sólo purificar sino
también —como el bautismo, del latín baptisma, ablución, inmersión— empapar,
impregnar de numen espiritual y misterio. Significa tensar de nuevo lo que se había aflojado con el uso. Las
prendas de vestir son como nosotras, se siguen llevando hasta que, como nuestras
ideas y nuestros valores, se aflojan con el tiempo. La renovación, la vivificación,
tiene lugar en el agua, en el redescubrimiento de lo que realmente consideramos
verdadero, de lo que realmente consideramos sagrado.
aprendemos a presenciar, examinar y asumir esta combinación de cualidades.
Aprendemos a clasificar, remendar y renovar la psique instintiva por medio de
una purificatio, un lavado o purificación de las fibras del ser.
La siguiente tarea de Vasalisa es barrer la cabaña y el patio. En los cuentos
de hadas de la Europa oriental, las escobas suelen estar hechas con ramas de
árboles y arbustos y, a veces, de raíces de plantas fibrosas. La misión de Vasalisa
es pasar este objeto hecho con materia vegetal por los sucios de la casa y el patio
con el fin de eliminar los desechos. La mujer sabia mantiene ordenado su ambiente
psíquico, Y lo hace conservando la cabeza clara, conservando un espacio
libre para su trabajo Y esforzándose por llevar a feliz término sus ideas y proyectos.
A muchas mujeres dicha tarea les exige que cada día dejen libre un espacio
pira la meditación, un espacio para vivir que sea indiscutiblemente suyo y con
papel, plumas, pinturas, herramientas, conversaciones, tiempo y libertades destinadas
exclusivamente a este fin muchas de ellas adquieren ese tiempo y ese lugar
especiales para el trabajo a través del Psicoanálisis la contemplación, la meditación,
la aceptación de la soledad y otras experiencias de descenso y transformación.
Cada mujer tiene sus preferencias, su manera de hacer.
Barrer la casa significa no sólo valorar la vida no superficial sino también
preocuparse por su limpieza. A veces las mujeres se hacen un lío con el trabajo
espiritual y descuidan su arquitectura hasta el punto de que la maleza la invade.
Poco a poco las estructuras de la psique se van llenando de malas hierbas hasta
convertirse prácticamente en una ruina arqueológica oculta en el inconciente de
la psique. Un cíclico y decisivo barrido impedirá que eso ocurra. Cuando las mujeres
limpian el espacio, la naturaleza salvaje se desarrolla mejor.
Barrer la casa significa no sólo valorar la vida no superficial sino también
preocuparse por su limpieza. A veces las mujeres se hacen un lío con el trabajo
espiritual y descuidan su arquitectura hasta el punto de que la maleza la invade.
Poco a poco las estructuras de la psique se van llenando de malas hierbas hasta
convertirse prácticamente en una ruina arqueológica oculta en el inconciente de
la psique. Un cíclico y decisivo barrido impedirá que eso ocurra. Cuando las mujeres
limpian el espacio, la naturaleza salvaje se desarrolla mejor.
En primer lugar, si alguien quiere guisar para la Yagá, tiene
que encender el fuego; una mujer tiene que estar dispuesta a arder al rojo vivo, a
arder con pasión, a arder con palabras, con ideas, con deseo de cualquier cosa
que ella aprecie sinceramente. Esta pasión es la que, de hecho, permite guisar y
lo que se guisa son las sólidas ideas originales de una mujer.
A casi todas nosotras nos irían mejor las cosas si nos acostumbráramos a
vigilar el fuego que arde debajo de nuestro trabajo, si vigiláramos con más detenimiento
el proceso de cocción destinado a alimentar el Yo salvaje. Demasiado a
menudo nos apartamos de la olla, de la cocina. Nos olvidamos de vigilar, de añadir
combustible y de remover. Pensamos erróneamente que el fuego y la cocción
son como una de esas resistentes plantas de interior que pueden pasarse ocho
meses sin agua antes de perecer. Pero no es así. El fuego necesita, exige vigilancia,
pues la llama se apaga fácilmente.
Los ciclos femeninos según las tareas de Vasalisa son los siguientes: Purificar
los propios pensamientos y renovar regularmente los propios valores. Eliminar
las trivialidades que ocupan la psique, barrer el propio yo, limpiar con regularidad
los propios pensamientos y estados emocionales. Encender un fuego duradero
debajo de la vida creativa y guisar sistemáticamente ideas significa sobre
todo guisar con originalidad mucha vida sin precedentes para poder alimentar la
relación entre la mujer y su naturaleza salvaje.
La clasificación a la que se refiere el cuento es la que se produce cuando
nos enfrentamos con un dilema o una pregunta, pero casi nada nos ayuda a resolverlo.
Sin embargo, si lo dejamos reposar y regresamos más tarde, es posible
que nos encontremos con una buena respuesta allí donde antes no había nada.
"Si nos vamos a dormir, a ver qué soñamos" , puede que la vieja de los dos millones
de años venga a visitarnos desde su tierra nocturna. A lo mejor, nos traerá
una solución o nos mostrará que la respuesta se encuentra debajo de la cama o
en nuestro bolsillo, en un libro o detrás de la oreja. Se ha observado a menudo
que una pregunta hecha antes de acostarse engendra con la práctica una respuesta
al despertar. Hay algo en la psique, en la muñeca intuitiva, algo debajo,
encima o en el inconciente colectivo que clasifica el material mientras dormimos y
soñamos . El hecho de confiar en esta cualidad también forma parte de la naturaleza
salvaje.
A veces, para aproximar a una mujer a esta naturaleza, le pido que cuide
un jardín. Un jardín psíquico o un jardín con barro, tierra, plantas y todas las
cosas que rodean, ayudan y atacan. Y que se imagine que este jardín es la psique.
El jardín es una conexión concreta con la vida y la muerte. Incluso se podría
decir que existe una religión del jardín, pues éste nos imparte unas profundas
lecciones psicológicas y espirituales. Cualquier cosa que le pueda ocurrir a un
jardín le puede ocurrir también al alma y a la psique: demasiada aguay demasiado
poca, plagas, calor, tormentas, invasiones, milagros, muerte de las raíces, renacimiento,
beneficios, curación, florecimiento, recompensas, belleza.
Durante la vida del jardín, las mujeres llevan un diario en el que anotan
todas las señales de aparición y desaparición de vida. Cada entrada crea un alimento
psíquico. En el jardín aprendemos a dejar que los pensamientos, las ideas,
las preferencias, los deseos e incluso los amores vivan y mueran. Plantamos,
arrancamos, enterramos. Secamos semillas, las sembramos, las mojamos, las
cuidamos y cosechamos.
El jardín es una práctica de meditación en cuyo transcurso vemos cuándo
es preciso que algo muera. En el jardín se puede ver llegar el momento tanto de la
fructificación como de la muerte. En el jardín nos movemos, no contra sino con
las inhalaciones y las exhalaciones de una más vasta naturaleza salvaje.
A través de esta meditación reconocemos que el ciclo de la Vida/ Muerte/
Vida es algo natural. Tanto la naturaleza que da vida como la que se enfrenta
con la muerte están deseando nuestra amistad y nuestro eterno amor. En el
transcurso de este proceso nos convertimos en algo análogo a lo salvaje cíclico.
Tenemos capacidad para infundir energía y fortalecer la vida y también para
apartarnos del camino de lo que se muere.
Sin los símbolos
del alba, el ascenso de la luz y la misteriosa oscuridad, la mujer no sería lo
que es. Sin el crecimiento de la esperanza en nuestros corazones, sin la luz estable
—de una vela o de un sol— que nos permita distinguir una cosa de otra en
nuestra vida, sin una noche en la que todas las cosas se serenan y de la que todas
las cosas pueden nacer, nosotras tampoco podríamos utilizar con provecho
nuestras naturalezas salvajes.
Los colores del cuento son extremadamente valiosos, pues cada uno de
ellos posee su naturaleza mortal y su naturaleza vital. El negro es el color del barro,
de lo fértil, de la sustancia esencial en la que se siembra n las ideas. Pero el
negro es también el color de la muerte, del oscurecimiento de la luz. Y el negro
tiene incluso un tercer aspecto. Es también el color asociado con aquel mundo.
entre los mundos en el que se asienta La Loba, pues el negro es el color del descenso.
El negro es la promesa de que muy pronto la mujer sabrá algo que antes
no sabía.
Kyoung Hwan Kim
El rojo es el color del sacrificio, de la cólera, del asesinato, del ser atormentado
y asesinado. Pero también es el color de la vida vibrante, de la emoción dinámica,
de la excitación, del eros y del deseo. Es un color que se considera una
poderosa medicina contra las dolencias psíquicas, un color que despierta el apetito.
Hay en todo el mundo una figura conocida como la madre roja 25. No es tan
famosa como la madre negra o la virgen negra, pero es la guardiana de las "cosas
que brotan". Es especialmente invocada por aquellas que están a punto de dar a
luz, pues quienquiera que abandone este mundo o venga a este mundo tiene que
cruzar su rojo río. El rojo es la promesa de que está a punto de producirse un
crecimiento o un nacimiento.
del alma liberada del cuerpo, del espíritu liberado del estorbo de lo físico. Es el
color del alimento esencial, la leche de la madre. Por contra, es también el color
de la muerte, de las cosas que han perdido su aspecto más favorable, su torrente
de vitalidad. Donde hay blancura, todo es de momento una tabula rasa en la que
no se ha escrito nada. El blanco es la promesa de que habrá alimento suficiente
para que las cosas empiecen de nuevo, de que el vacío se llenará.
De ahí la importancia del dejar vivir y el dejar morir. Se trata del ritmo básico
natural que las mujeres tienen que comprender y vivir. Cuando se capta este
ritmo, se reduce el temor, pues podemos anticiparnos al futuro, a los temblores
del suelo y a los vaciamientos de lo que aquél contendrá.
Ahora vamos a estudiar la calavera con su terrible luz. Es un símbolo asociado
con lo que algunos arqueólogos de la vieja escuela llamaban "la adoración
ancestral" 26. En las sucesivas versiones arqueorreligiosas del cuento se dice que
las calaveras en lo alto de los palos son las de las personas que la Yagá ha matado
y devorado. Pero en los ritos religiosos más antiguos que practicaban el parentesco
ancestral los huesos se consideraban elementos necesarios para la evocación
de los espíritus, y las calaveras eran la parte más destacada del esqueleto
Y su terreno es el mundo subterráneo de la psique. El terreno de la madre demasiado
buena es el del mundo de arriba, Y, aunque la dulzura puede encajar en lo
salvaje, lo salvaje no puede encajar durante mucho tiempo en la dulzura.
Cuando las mujeres asimilan este aspecto de la Yagá, dejan de aceptar sin
discusión todas las bobadas, todos los comentarios mordaces Y todas las bromas
e insinuaciones que les dirigen. Para distanciarse un poco de la dulce bendición
de la madre demasiado buena, la mujer aprende poco a poco no simplemente a
mirar sino a mirar con desprecio, a mirar fijamente y a tolerar cada vez menos las
imbecilidades de los demás.
La intuición no está hecha para que se la consulte una
vez y después se la olvide. No es algo que se pueda desechar. Se la tiene que consultar
en todas las etapas del camino, tanto si las actividades de la mujer están
en conflicto con un demonio interior como si están completando una tarea en el
mundo exterior. No importa que las preocupaciones y aspiraciones de una mujer
sean de carácter personal o global. Por encima de todo, todas las acciones tienen
que empezar fortaleciendo el espíritu.
El hecho de poseer una buena intuición y un considerable
poder obliga a trabajar. En primer lugar, en la vigilancia y la comprensión
de las fuerzas negativas y los desequilibrios tanto interiores como exteriores. En
segundo lugar, obliga a hacer acopio de voluntad para poder actuar con respecto
a lo que se ha visto, tanto si es para un bien como si es para recuperar el equilibrio
o para dejar que algo viva o muera.
La Mujer Salvaje es la que
se atreve, la que crea y la que destruye. Es el alma primitiva e inventora que hace
posibles todas las artes y los actos creativos. Crea un bosque a nuestro alrededor
y nosotras empezamos a enfrentarnos con la vida desde esta nueva y original
perspectiva.
Parte III
Hace, moldea, infunde vida y está ahí para recibir el alma cuando el
aliento se acaba. Siguiendo sus huellas, aprendemos a dejar que nazca lo que
tiene que nacer, tanto si están ahí las personas apropiadas como si no. La naturaleza
no pide permiso. Tenemos que florecer y nacer siempre que nos apetezca.
En nuestra calidad de personas adultas no necesitamos apenas permisos sino
más engendramientos, más estímulo de los ciclos salvajes y mucha más visión
original.
El compañero: La unión con el otro
Si las mujeres quieren que los hombres las conozcan de verdad, tienen que
enseñarles un poco de sabiduría profunda. Algunas mujeres dicen que están
cansadas, que ya han hecho demasiado a este respecto. Me atrevo a decir humildemente
que han estado intentando enseñar a un hombre que no quiere aprender.
Cuando los hombres ponen de manifiesto una buena disposición, es el momento
de revelarles cosas no sólo por este motivo sino porque otra alma lo pide.
Ya lo verás. He aquí algunas de las cosas que ayudarán a un hombre a comprender
y a salir a medio camino al encuentro de la mujer; éste es el lenguaje, nuestro
lenguaje.
En los mitos, como en la vida, no cabe duda de que el Hombre Salvaje busca
a una esposa de debajo de la tierra.
La psique instintiva ha aprendido a
reprimirse, a respetar las prioridades y a concentrarse. Se niega a distraerse.
Ahora está atenta.
... cuando se ha perdido la confianza en la transformación, también se
pierden los ciclos naturales del desarrollo y el desgaste.
Para crear un amor duradero, ambos amantes tienen que abrazar a la Mujer
Esqueleto y aceptar su presencia en la relación.
Para amar, hay que ser no
sólo fuerte sino también sabio. La fuerza Procede del espíritu. La sabiduría procede
de la experiencia.
Las primeras fases del amor
El hallazgo accidental del tesoro
Siete tareas que enseñan a cada alma a
amar profunda y satisfactoriamente a otra : descubrir a otra
persona como una especie de tesoro espiritual, aunque al principio uno no se dé
cuenta de lo que ha encontrado en casi todas las relaciones amorosas viene a
continuación de la persecución y el ocultamiento, un período de esperanzas y te
mores para ambos componentes de la pareja. Después viene el desenredo y la
comprensión de los aspectos de la Vida/Muerte/Vida que contiene la relación y la
aparición de un sentimiento de compasión con respecto ala tarea. La siguiente
fase es la de la relajación, la confianza y la capacidad de descansar en presencia
del otro y con su beneplácito, tras lo cual se inicia un período de participación de
ambos en los sueños futuros y las tristezas pasadas, los cuales marcan el comienzo
de la curación de las antiguas heridas de amor. Después viene el uso del
corazón para entonar un cántico a la nueva vida y, finalmente, la fusión del cuerpo
y el alma.
Amar
significa permanecer al lado de alguien. Significa salir de un mundo de fantasía y
entrar en un mundo en el que es Posible el amor duradero, cara a cara, hueso a
hueso, un amor hecho de afecto. Amar significa quedarse cuando todas las células
gritan: "¡Echa a correr!"
Cuando los amantes son capaces de soportar la naturaleza de la Vida/
Muerte/Vida y de entenderla como un continuo —como una noche entre dos
días— y como la fuerza capaz de crear un amor para toda la vida, pueden enfrentarse
con la presencia de la Mujer Esqueleto en su relación. Entonces se fortalecen
juntos y ambos se sienten llamados a una comprensión más profunda de los
dos mundos en los que viven, el mundo material y el mundo del espíritu.
Sin una tarea que suponga un reto,
no puede haber transformación. Sin una tarea, no se puede experimentar una
auténtica satisfacción. Amar el placer exige muy poco esfuerzo. Para amar de
verdad hay que ser un héroe capaz de superar el propio temor.
(Parte IV
Encontrándose con el mundo onírico)
¿A qué tengo hoy que dar más muerte para generar más vida? ¿Qué me consta que debe
morir, pero yo me resisto a permitir que muera? ¿Qué tiene que morir en mí para
que pueda amar? ¿Qué no belleza me da miedo? ¿De qué me sirve hoy el poder de
lo no bello? ¿Qué es lo que hoy tiene que morir? ¿Qué tiene que vivir? ¿A qué vida
temo alumbrar? Y, si no ahora, ¿cuándo?
Si entonamos la canción de la conciencia hasta sentir la quemadura de la
verdad, arrojaremos una llamarada de fuego a la oscuridad de la psique y veremos
lo que estamos haciendo, lo que estamos haciendo de verdad, no lo que queremos
creer que estamos haciendo. Así desenredamos nuestros sentimientos y
empezamos a comprender la razón por la cual el amor y la vida se tienen que vivir
a través de los huesos.
Los antiguos que buscaban el conocimiento de la vida y de la muerte lo
llamaban la Perla de Gran Valor, el Tesoro Inimitable. El hecho de sostener los
hilos de estos misterios y de desenredarlos confiere un profundo conocimiento del
Destino y el Tiempo, un tiempo para todas las cosas y cada cosa a su debido
tiempo, rodando con lo áspero y resbalando con lo suave. No hay ningún conocimiento
que sea más protector, nutritivo y fortalecedor del amor que éste.
El sueño de la confianza
En esta fase de la relación el enamorado regresa a un estado de inocencia,
un estado en el que todavía está impresionado por los elementos emocionales) un
estado en el que se siente lleno de deseos, esperanzas y sueños. La inocencia no
tiene nada que ver con la ingenuidad. Hay un antiguo dicho en las salvajes y remotas
regiones de las que yo procedo: "La ignorancia es no saber nada y sentirse
atraído por lo bueno. La inocencia es saberlo todo y seguir sintiéndose atraído
por lo bueno."
Aunque la metáfora del sueño pueda inducir a pensar en una inconsciencia
psíquica, aquí simboliza la creación y la renovación. El sueño es el símbolo del
renacimiento. En los mitos de la creación, las almas se duermen mientras tiene
lugar la transformación, pues en el sueño somos re—creados y renovados.
... el sueño que teje la enredada manga de las cuitas; el sueño, alivio
de la dura fatiga; bálsamo de las mentes heridas, segundo plato de la
Naturaleza, primer alimento del festín de la vida.
Shakespeare, Macbeth, II, 11, 36
La inocencia es un estado que se renueva durante
el sueño. Por desgracia, muchos la apartan a un lado junto con la colcha cada
mañana cuando se levantan. Sería mucho mejor llevarnos una vigilante inocencia
y apretujarnos contra ella para que nos diera calor.
Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando también nos
busca a nosotros y que, si nos quedamos quietos, nos encontrará. Es algo que
lleva mucho tiempo esperándonos. En cuanto llegue, no te muevas. Descansa. Ya
verás lo que ocurre a continuación.
Para que prospere el amor, el compañero tiene que confiar en que cualquier
cosa que ocurra será transformativa. El hombre o la mujer tienen que entrar en
este estado de sueño que devuelve a las persona, una sabia inocencia que crea y
re—crea, tal como debe ser, las más profundas espirales de la experiencia de la
Vida/Muerte/Vida.
Las lágrimas encierran un poder creador. En los mitos, las lágrimas Producen
una inmensa creación y una sincera reunión. En el folclore herbario, las lágrimas
se utilizan como sustancia aglutinante para asegurarlos elementos, unir
las ideas y juntar las almas. Cuando se derraman lágrimas en los cuentos de
hadas, éstas alejan a los ladrones o provocan el desbordamiento de los ríos.
Cuando se rocían, evocan los espíritus. Cuando se derraman sobre el cuerpo, curan
las laceraciones y devuelven la vista. Cuando se tocan, dan lugar a la concepción.
La historia del símbolo del agua como creadora y como camino
es muy larga y variada. La primavera llega con una lluvia de lágrimas. La
entrada al mundo subterráneo se produce con una cascada de lágrimas. Una lágrima,
oída por alguien que tenga corazón se interpreta como una invitación a
acercarse.
La lágrima del soñador se produce cuando un amante en ciernes se deja
llevar por el sentimiento y venda sus propias heridas, cuando se atreve a contemplar
la autodestrucción que él mismo ha provocado mediante la pérdida de
confianza en la bondad del yo, cuando se siente separado del nutritivo y revitalizante
ciclo de la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida. Entonces llora porque percibe
su soledad, su profunda añoranza de aquel lugar psíquico, de aquella sabiduría
salvaje.
Amar a otra persona no es suficiente, el hecho de "no ser un obstáculo" en
la vida de otra persona no es suficiente. No basta con mostrarse "comprensivo",
"estar disponible" y otras cosas por el estilo. El objetivo es convertirse en un entendido
en las cosas de la vida y la muerte, en los asuntos de la propia vida y el
panorama general. Y la única manera de convertirse en un hombre entendido
consiste en aprender en los huesos de la Mujer Esqueleto. Ella está esperando la
señal del sentimiento profundo, la solitaria lágrima que dice "confieso que estoy
herido".
Esta confesión alimenta la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida, crea el vínculo
y la profunda sabiduría del hombre. Todos hemos cometido el error de pensar
que otra persona nos puede curar, emocionar o llenar. Se tarda mucho tiempo
en averiguar que no es así, sobre todo porque proyectamos la herida fuera de
nosotros en lugar de curarla dentro de nosotros.
En los cuentos de hadas las lágrimas cambian a las personas, les recuerdan qué es lo más importante y salvan sus almas. Sólo la dureza del corazón impide el llanto y la unión. Hay un dicho que yo traduje del sufí hace tiempo y que es más bien una plegaria, en la que el orante le pide a Dios que le rompa el corazón:
"Destroza mi corazón de tal forma que quede espacio libre para el Amor Infinito."
El tambor y el canto del corazón
Dicen que los tambores hechos con huesos humanos evocan a los muertos.
Los tambores hechos con pellejos de ciertos animales evocan unos espíritus animales
determinados. Los tambores especialmente bellos evocan la Belleza. Los
tambores adornados con cascabeles evocan los espíritus infantiles y el tiempo
atmosférico. Los tambores de sonido sordo evocan los espíritus capaces de oír
aquel tono. Los tambores estridentes evocan los espíritus capaces de oír aquel
tono y así sucesivamente.
Un tambor hecho de corazón evocará los espíritus relacionados con el corazón
humano.
El centro psicológico y fisiológico es el corazón. En los tantras indios, que
son los preceptos que dan los dioses a los seres humanos, el corazón es el Anàhata
chakra, el centro neurálgico que incluye el sentimiento por otro ser humano,
por la propia persona, por la tierra y por Dios. El corazón es el que nos permite
amar como ama un niño: plenamente y sin reservas, sin el menor vestigio de sarcasmo,
menosprecio o paternalismo.
Desde tiempos inmemoriales el canto,
como el tambor, se ha utilizado para crear una conciencia no ordinaria, un estado
de hipnosis o un estado de plegaria. La conciencia de todos los seres humanos
y de muchos animales se puede alterar mediante el sonido. Ciertos sonidos, como
el goteo de un grifo o el insistente claxon de un automóvil, pueden provocar ansiedad
e incluso irritación. Otros sonidos, como el rumor del océano o el aullido
del viento entre los árboles, nos pueden llenar de sentimientos satisfactorios. El
sonido sordo —como el de unas pisadas— hace que una serpiente experimente
una tensión negativa. Pero un suave canto puede hacerla bailar.
parte V
Desde tiempos inmemoriales el canto,
como el tambor, se ha utilizado para crear una conciencia no ordinaria, un estado
de hipnosis o un estado de plegaria. La conciencia de todos los seres humanos
y de muchos animales se puede alterar mediante el sonido. Ciertos sonidos, como
el goteo de un grifo o el insistente claxon de un automóvil, pueden provocar ansiedad
e incluso irritación. Otros sonidos, como el rumor del océano o el aullido
del viento entre los árboles, nos pueden llenar de sentimientos satisfactorios. El
sonido sordo —como el de unas pisadas— hace que una serpiente experimente
una tensión negativa. Pero un suave canto puede hacerla bailar.
El canto de la canción y el empleo del corazón como tambor
son actos místicos que despiertan unos estratos de la psique no demasiado
utilizados ni vistos. El aliento o pneuma que se derrama sobre nosotros abre ciertas
puertas y despierta ciertas facultades que de otro modo no serían accesibles.
No podemos decir qué efectos generarán los cantos o el sonido de los tambores en
las distintas personas, pues ambas cosas producen en los seres humanos que
participan en a experiencia unas aperturas de lo más extrañas e insólitas. Sin
embargo, podernos estar seguros de que cualquier cosa que ocurra será numinosa
y llamativa.
La danza del cuerpo y el alma
Con sus cuerpos las mujeres viven muy cerca de la naturaleza de la Vida/
Muerte/Vida. Cuando las mujeres están en su sano juicio instintivo, las ideas
e impulsos que las inducen a amar, crear, creer y desear, nacen, viven su tiempo,
se desvanecen y mueren y vuelven a nacer. Se podría decir que las mujeres ponen
en práctica este concepto de una manera conciente o inconciente en cada
ciclo lunar de sus vidas. Para algunas, la luna que indica los ciclos está en el cielo.
Para otras es la Mujer Esqueleto que vive en su psique.
Desde su propia carne y sangre y desde los constantes ciclos que llenan y
vacían el rojo jarrón de su vientre, una mujer comprende física, emocional y espiritualmente
que los cenits se desvanecen y expiran y que lo que queda renace con
formas inesperadas y por medios inspirados para reducirse de nuevo a nada y ser
concebido otra vez en toda su gloria. Como se puede ver, los ciclos de la Mujer
Esqueleto discurren en toda la mujer, a través de ella y por debajo de ella. No podría
ser de otro modo.
A veces, los hombres que todavía huyen de la naturaleza de la Vida/
Muerte/Vida temen a semejante mujer, pues intuyen que es una aliada natural
de la Mujer Esqueleto. Sin embargo, no siempre fue así. El símbolo de la
muerte como transformadora espiritual es un vestigio de una época en la que la
Dama de la Muerte era acogida como un pariente cercano, como una hermana,
un hermano, un padre, una madre o un amante. En la imaginería femenina, la
Mujer de la Muerte o la Doncella de la Muerte siempre se ha considerado la portadora
del destino, la hacedora, la doncella de la cosecha, la madre, la paseante.
A veces quien huye de la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida insiste en
considerar el amor como algo exclusivamente positivo. Pero el amor en su plenitud
es toda una serie de muertes y renacimientos. Abandonamos una fase, un
aspecto del amor, y entramos en otra. La pasión muere y regresa. El dolor se aleja
y aparece de nuevo. Amar significa abrazar y, al mismo tiempo, resistir muchos
finales y muchísimos comienzos... todos en la misma relación.
...qué es lo que la Muerte exige del amor. Exige su lágrima
—su sentimiento— y su corazón. Exige que se la ame. La naturaleza de la Vida/
Muerte/Vida pide a los amantes que se enfrenten inmediatamente con ella,
que no se acobarden ni la esquiven, que su compromiso signifique algo más que
"estar juntos", que su amor se base en la combinación de su capacidad de aprendizaje
y de su fuerza para enfrentarse con esta naturaleza, que la amen y bailen
junto con ella.
Por consiguiente, hacer el amor es fundir el aliento y la carne, el espíritu Y
la materia; lo uno encaja en lo otro. En este cuento vemos la unión de lo mortal
con lo inmortal, tal como debe ser en una auténtica relación amorosa duradera.
Existe una relación inmortal de alma con alma que nos cuesta describir o tal vez
decidir, pero que experimentamos en lo más profundo de nuestro ser. En un maravilloso
cuento de la India un ser mortal toca el tambor para que las hadas puedan
danzar en presencia de la diosa Indra. A cambio de este servicio, al hombre
se le concede un hada por esposa. En la relación amorosa se produce algo muy
parecido; el hombre que establece una relación de colaboración con el reino psíquico
femenino, que para él es misterioso, recibe una recompensa a cambio.
Lo único capaz de crear es el hecho de soltarse y de entregar el corazón, el
gran tambor, el gran instrumento de la naturaleza salvaje.
Así tiene que funcionar la relación amorosa, cada miembro de la pareja
transformando al otro. La fuerza y el poder del uno se desenreda y se comparte.
Él le entrega a ella el tambor del corazón. Ella le entrega a él el conocimiento de
los ritmos y las emociones más complicadas que imaginar se pueda. ¿Quién sabe
qué cazarán juntos? Sólo sabemos que recibirán alimento hasta el final de sus
días.
El hallazgo de la manada:
La dicha de la pertenencia
A veces a la mujer salvaje la vida le falla desde el principio. Muchas mujeres
son hijas de unos progenitores que en su infancia las estudiaban, preguntándose
cómo era posible que aquella pequeña intrusa hubiera conseguido introducirse
en la familia. Otros progenitores se pasaban el rato con los ojos en blanco
sin prestar la menor atención a su hija o bien la maltrataban o la miraban con
frialdad.
Las mujeres que han pasado por esta experiencia tienen que animarse. Se
han vengado siendo, sin culpa por su parte, un engorro al que sus padres han
tenido que criar y una espina clavada permanentemente en sus costados. Y hasta
es muy posible que hoy en día sean capaces de causarles un profundo temor
cuando llaman a su puerta. No está del todo mal como justo castigo infligido por
el inocente.
Hay que dedicar menos tiempo a pensar en lo que ellos no dieron Y más
tiempo a buscar a las personas que nos corresponden. Es muy Posible que una
persona no pertenezca en absoluto a su familia biológica. Es muy posible que,
desde un punto de vista genético, pertenezca a su familia, pero por temperamento
se incorpore a otro grupo de personas. También cabe la posibilidad de que alguien
pertenezca aparentemente a su familia, pero su alma se escape de un salto,
corra calle abajo y sea glotonamente feliz zampándose pastelillos espirituales en
otro sitio.
Aunque algunos de los que escriben sobre psicología en la actualidad afirmen
que el abandono de la matriz materna es una hazaña que, si no se cumple,
contamina para siempre a la mujer y aunque otros digan que el desprecio hacia
la propia madre es algo beneficioso para la salud mental del individuo, en realidad
la imagen y el concepto de la madre salvaje no se puede ni se debe abandonar
jamás, pues la mujer que lo hace abandona su naturaleza profunda, la que
contiene toda la sabiduría, todas las bolsas y las semillas, todas las agujas para
remendar, todas las medicinas para trabajar y descansar, amar y esperar.
"búsqueda del amor en todos los lugares equivocados"..Es algo así como aplicarse una ridícula medicina en la nariz cuando uno se
ha hecho un corte en el brazo. Las distintas mujeres eligen distintas clases de
"medicinas equivocadas". Algunas eligen las que son visiblemente equivocadas
como las malas compañías o los vicios Y caprichos perjudiciales o nocivos para el
alma, cosas que primero elevan a la mujer y después la derriban al suelo en menos
de lo que canta un gallo.
Di la verdad acerca de tu herida
y entonces comprenderás el remedio que le tienes que aplicar. No llenes el vacío
con lo que te resulte más fácil o lo que tengas más a mano. Espera a encontrar la
medicina adecuada. La reconocerás porque tu vida será más fuerte y no más débil.
Sigue adelante por mucho que te cueste. Toma la pluma, acércala a la página y deja de gimotear.
Escribe. Toma el pincel y, para variar, sé dura col' tu propia persona y pinta. Bailarinas,
poneos la túnica holgada, ataos cintas en el pelo, en la cintura y en los
tobillos y decidle al cuerpo que empiece a partir de ahí. Bailad. Actriz, comediógrafo,
poeta, músico o quienquiera que seáis, dejad de hablar. No digáis una sola
palabra más a no ser que seáis cantantes. Encerraos en una habitación con un
techo o en un claro del bosque bajo el cielo. Dedicaos a vuestro arte. Por regla
general, una cosa no puede congelarse si se mueve. Moveos pues, No dejéis de
moveros.
Cualquier cosa que sea, se trata de un momento en que el espíritu, de una u otra
forma, nos obliga a salir fuera, nos muestra el pasadizo secreto, el escondrijo, la
ruta de la huida. Y esta aparición cuando nos sentimos abatidas y tormentosamente
oscuras u oscuramente serenas es lo que nos empuja a través del pasadizo
hacia el siguiente paso, la siguiente fase del aprendizaje de la fuerza del exilio.
Es peor permanecer en el lugar
que no corresponde en absoluto que andar perdidas durante algún tiempo,
buscando el parentesco psíquico y espiritual que necesitamos. Jamás es un error
buscar lo que una necesita. Jamás.
¿por qué insisten las mujeres en doblegarse y adoptar formas que no son las
suyas?
Aunque una mujer pueda ofrecer un aspecto aturdido cuando ha perdido el
contacto con la vida que más valora y corra de un lado a otro en su afán de recuperarla,
la mayoría de las veces está recogiendo información, saboreando esto o
tocando con la pata aquello. Lo más que se puede hacer en tales casos es explicarle
brevemente lo que está haciendo. Y después dejarla en paz. En cuanto procese
toda la información de las pistas que ha recogido, volverá a actuar con un
propósito definido.
El recuerdo y el afán de seguir adelante contra viento y marea
Todos sentimos el anhelo de reunirnos con los nuestros, con nuestros parientes
salvajes.
Un vez traté a una mujer que se encontraba al límite de sus fuerzas y pensaba
en el suicidio. Una araña que estaba tejiendo su tela en el porche le llamó la
atención. jamás sabremos qué detalle del comportamiento de aquel pequeño
animalillo rompió el hielo que tenía aprisionada su alma y le permitió recuperar
la libertad y volver a crecer, pero yo estoy convencida no sólo como psicoanalista
sino también como cantadora de que muchas veces las cosas de la naturaleza
son las más curativas, sobre todo las muy sencillas y las que más tenemos a
nuestro alcance. Las medicinas de la naturaleza son muy poderosas y honradas;
una mariquita en la verde corteza de una sandía, un petirrojo con un trozo de
hilo en el pico, una planta florida, una estrella fugaz e incluso un arco iris en un
fragmento de cristal en la calle puede ser una medicina apropiada. La perseverancia
es algo muy curioso: exige una enorme energía y puede recibir alimento
suficiente para un mes con sólo cinco minutos de contemplación de unas aguas
tranquilas.
La marca distintiva de la naturaleza salvaje es su afán de seguir adelante.
Su perseverancia. No se trata de algo que hacemos sino de algo que somos de
una manera natural e innata. Cuando no podernos prosperar, seguimos adelante
hasta que podernos volver a prosperar. Aunque estemos apartadas de nuestra
vida creativa, aunque nos hayan expulsado de una cultura o de una religión,
aunque estemos sufriendo un exilio familiar, un destierro por parte de un grupo,
un castigo a nuestros movimientos, pensamientos y sentimientos, la vida salvaje
interior seguirá y nosotras seguiremos avanzando. La naturaleza salvaje no es
propia de ningún grupo étnico en particular. Es la naturaleza esencial de las mujeres
de Benín, Camerún y Nueva Guinea. Está presente en las mujeres de Letonia,
los Países Bajos y Sierra Leona. Es el centro de las mujeres guatemaltecas,
haitianas y polinesias. En cualquier país. En cualquier raza. En cualquier religión,
En cualquier tribu, En cualquier ciudad, aldea o solitario puesto fronterizo.
Todas las mujeres tienen en común a la Mujer Salvaje y el alma salvaje. Todas
siguen lo salvaje y lo buscan a tientas.
Por consiguiente, en caso necesario las mujeres pintarán el azul del cielo en
los muros de las cárceles. Si se queman las madejas, hilarán otras. Si se destruye
la cosecha, sembrarán inmediatamente más semillas. Las mujeres dibujarán
puertas donde no las hay, las abrirán y la, cruzarán para entrar en nuevas maneras
y nuevas vidas. Las mujeres perseverarán y prevalecerán porque la naturaleza
salvaje persevera y prevalece.
El amor al alma
Resiste. Sigue resistiendo. Haz tu trabajo. Encontrarás tu camino.
Pero aún así sigue desconfiando:
Si alguien le dice que es encantadora o pondera la belleza de su arte o la felicita
por algo que su alma inspiró o en lo que participó o intervino, algo en su
mente le dice que no lo merece y tú, la persona que la felicita, eres una idiota por
pensar tal cosa. En lugar de comprender que la belleza de su alma resplandece.
Cuando ella es ella misma, la mujer cambia de tema y arrebata literalmente el
alimento al yo espiritual que vive del reconocimiento y de la admiración.
Por consiguiente, ésta es la tarea final de la exiliada que encuentra a los
suYos: no sólo aceptar la propia individualidad, la propia identidad específica
como persona de un tipo determinado, sino también la propia belleza, la forma de
la propia alma y el reconocimiento de que el hecho de vivir en contacto con esa
criatura salvaje nos transforma a nosotras y transforma todo lo que toca.
Cuando aceptamos nuestra belleza salvaje, la colocamos en perspectiva y ya no somos conmovedoramente concientes de ella, pero por nada del mundo la abandonaríamos ni la negaríamos. ¿Sabe una loba lo hermosa que es cuando salta?
¿Sabe la hembra de un felino lo hermosas que son las formas que crea cuando
se sienta? ¿Se impresiona un pájaro por el rumor que oye cuando despliega
las alas? Cuando aprendemos de ellos, nos comportamos de acuerdo con nuestra
verdadera manera de ser y no nos echamos atrás ni nos escondemos en presencia de nuestra belleza natural. Como las demás criaturas, nos limitamos a existir y así es como debe ser.
En el caso de las mujeres, esta búsqueda y este hallazgo se basan en la
misteriosa pasión que sienten por lo que es salvaje, por lo que ellas mismas son con carácter innato. El objeto de este anhelo lo hemos denominado aquí la Mujer Salvaje, pero, incluso cuando ignoran su nombre y ni siquiera saben dónde vive, las mujeres se esfuerzan por ir a su encuentro y la aman con todo su corazón. La añoran y esta añoranza es a un tiempo motivación y locomoción. Este anhelo es el que nos induce a buscar y encontrar a la Mujer Salvaje. No es tan difícil como
podría parecer a primera vista, pues la Mujer Salvaje también nos está buscando a nosotras. Nosotras somos sus hijas.
¿Te has preguntado alguna vez cómo te las arreglaste para acabar en una
familia tan rara como la tuya? Si has vivido tu existencia como una forastera,
como una persona ligeramente extraña o distinta, si eres una solitaria y vives al
borde de la corriente principal, tú has sufrido. Y, sin embargo, también llega un
momento en que hay que alejarse remando de todas estas cosas, conocer otra
posición estratégica, emigrar a la tierra que nos corresponde.
Deja ya de sufrir y de intentar averiguar dónde fallaste. El misterio del porqué
naciste como hija de quienquiera que sea ha terminado, finis, se acabó. Descansa
un momento en la proa y refréscate con el viento que sopla desde tu patria.
¿Cuáles son las necesidades del alma? Pertenecen a dos reinos: el de la naturaleza
y el de la creatividad. En estos reinos vive Na’ashjé’ii Asdzáá, la Mujer
Araña, el gran espíritu creador de los indios diné. Ella protege a su pueblo. Su
acción, entre otras, es la enseñanza del amor a la belleza.
Las necesidades del alma están gobernadas por Coatlicue, la diosa azteca
de la autosuficiencia femenina que da a luz en cuclillas y firmemente asentada
sobre los pies. Ella enseña lo que es la vida de la mujer solitaria. Es la hacedora
de niños, es decir, de un nuevo potencial de vida, pero es también la madre de la
Muerte que lleva en su falda unas calaveras que suenan como los cascabeles de
una serpiente, pues son cráneos de serpiente y, puesto que los cascabeles de los
cráneos suenan también como la lluvia, por afinidad de resonancia atraen la lluvia
sobre la tierra. Es la protectora de todas las mujeres solitarias y de aquellas
cuya magia y cuyos pensamientos e ideas son tan poderosos que tienen que vivir
al margen de quién sabe dónde para no deslumbrar demasiado a los habitantes
de la aldea. Coatlicue es la protectora especial de la forastera.
¿Cuál es el alimento esencial del alma? Bueno, eso difiere de criatura a
criatura, pero he aquí algunas combinaciones que pueden considerarse algo así
como una macrobiótica psíquica. Para algunas mujeres el aire, la noche, la luz
del sol y los árboles son unas necesidades imprescindibles. Otras sólo se pueden
saciar con las palabras, el papel y los libros. Para otras, el color, la forma, la
sombra y la arcilla son necesidades absolutas. Algunas mujeres tienen que saltar,
inclinarse y correr, pues sus almas ansían bailar. Otras sólo ansían la paz
que produce el hecho de apoyarse en el tronco de un árbol.
Hay una imagen especial de los festejos del Día de los Muertos que puede utilizarse
para ayudar a las mujeres a hacer la transición desde la supervivencia al crecimiento.
Se basa en el rito de las llamadas ofrendas unos altares que se erigen
en honor de los difuntos. Las ofrendas son tributos, monumentos conmemorativos
y expresiones d, profunda consideración hacia los seres queridos que ya no
están en esta tierra. Creo que a las mujeres les es más útil hacer una ofrenda a la
niña que fueron antaño, algo así como un testamento en favor de la niña heroica.
Algunas mujeres eligen objetos, escritos, prendas de vestir, juguetes, recuerdos
de acontecimientos y otros símbolos de la infancia que se va a representar.
Montan la ofrenda a su manera, cuentan una historia que a veces encaja con
ella y otras no y después la dejan allí todo el tiempo que quieren. Es la prueba de
todas las penalidades del pasado, de su valentía y de su triunfo sobre la adversidad.
El hecho de seguir siendo una niña superviviente más allá del período en
que ello ocurrió es identificarse en exceso con un arquetipo herido. Comprender
la herida y recordarla nos permite crecer. Nuestro derecho como mujeres es crecer,
no simplemente sobrevivir.
No te amilanes ni te acobardes si te llaman oveja negra, inconformista, lobo
solitario. Los estrechos de miras dicen que los inconformistas son una lacra de la
sociedad. Sin embargo, se ha demostrado a lo largo de los siglos que el hecho de
ser distinta significa estar al margen, tener la certeza de que una hará una aportación
original, una útil y sorprendente aportación a su cultura . Cuando busques
una guía, no prestes jamás atención a los pusilánimes. Sé amable con ellos,
llénalos de cumplidos, procura engatusarlos, pero no sigas sus consejos.
Si alguna vez te han llamado insolente, incorregible, descarada, astuta, revolucionaria,
indisciplinada, rebelde, vas por buen camino. La Mujer Salvaje está
muy cerca.
El júbilo del cuerpo:
La carne salvaje
Me fascina la forma en que los lobos chocan unos con otros cuando corren
y juegan, los lobos viejos a su manera, los jóvenes a la suya, los flacos, los patilargos,
los rabicortos, los de orejas colgantes, aquellos cuyas fracturadas extremidades
se soldaron torcidas. Todos tienen sus propias configuraciones y fuerza
corporal, su propia belleza. Viven y juegan de acuerdo con lo que son, quiénes
son y cómo son. No fingen ser lo que no son.
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| Fotografía de 1.898 |
En la psique instintiva, el cuerpo se considera un sensor, una red de información,
un mensajero con una miríada de sistemas de comunicación: cardiovascular,
respiratorio, esquelético, autónomo y también emotivo e intuitivo. En el
mundo imaginativo el cuerpo es un poderoso vehículo, un espíritu que vive con
nosotros, una oración de la vida por derecho propio. En los cuentos de hadas, el
cuerpo personificado en los objetos mágicos que poseen cualidades y poderes sobrehumanos,
se presenta dotado de dos juegos de orejas, uno para oír el mundo
material y otro para oír el alma; dos juegos de ojos, uno para la visión normal y
otro para la clarividencia; dos clases de fuerza, la fuerza de los músculos y la
fuerza invencible del alma. La lista de los dobles elementos del cuerpo es interminable.
En los sistemas de desarrollo corporal como el método Feldenkreis, el
Ayurveda y otros, se considera que el cuerpo está dotado de seis sentidos en lugar
de cinco. El cuerpo utiliza la piel, las fascias profundas y la carne para registrar
todo lo que ocurre a su alrededor. Para quienes saben leerlo, el cuerpo es,
como la piedra de Rosetta, un registro viviente de la vida entregada, la vida arrebatada,
la vida esperada y la vida sanada. Se valora por su capacidad de reacción
inmediata, su profunda sensibilidad y su previsión.
El cuerpo es un ser multilingüe. Habla a través de su color y su temperatura,
el ardor del reconocimiento, el resplandor del amor, la ceniza del dolor, el calor
de la excitación, la frialdad, la desconfianza. Habla a través de su diminuta y constante danza, a veces balanceándose, otras moviéndose con nerviosismo y
otras con temblores. Habla a —través de los vuelcos del corazón, el desánimo, el
abismo central y el renacimiento, de a esperanza.
El cuerpo recuerda, los huesos recuerdan, las articulaciones recuerdan y
hasta el dedo meñique recuerda. El recuerdo se aloja en las imágenes y en las
sensaciones de las células. Como ocurre con una esponja empapada en agua,
dondequiera que la carne se comprima, se estruje e incluso se roce ligeramente,
el recuerdo puede surgir como un manantial.
Reducir la belleza y el valor del cuerpo a cualquier cosa que sea inferior a
esta magnificencia es obligar al cuerpo a vivir sin el espíritu, la forma y la exultación
que le corresponden. Ser considerado feo o inaceptable por el hecho de que
la propia belleza esté al imagen de la moda actual hiere profundamente el júbilo
natural que es propio de la naturaleza salvaje.
Las mujeres tienen buenos motivos para rechazar los modelos psicológicos
y físicos que ofenden el espíritu y cortan la relación con el alma salvaje. Está claro
que la naturaleza instintiva de las mujeres valora el cuerpo y el espíritu mucho
más por su vitalidad, capacidad de reacción y resistencia que por cualquier detalle
de su aspecto. Lo cual no significa rechazar a la persona o el objeto que es
considerado bello por algún segmento de la cultura sino trazar un círculo más
amplio que abarca todas las variedades de belleza, forma y función.
El lenguaje corporal
Una vez formé con una amiga mía un tándem de narración de cuentos llamado
"Lenguaje corporal", destinado a descubrir las virtudes ancestrales de
nuestros parientes y amigos. Opalanga es una griot afroamericana tan alta y delgada
como un tejo. Yo soy una mexicana, tengo una hechura muy terrenal y
abundantes carnes. Aparte el hecho de ser objeto de burla por su estatura, de
niña le decían a Opalanga que la separación entre sus dientes frontales significaba
que era una mentirosa. Y a mí me decían que la forma y el tamaño de mi
cuerpo significaban que era inferior y carecía de autocontrol. En nuestros relatos
sobre el cuerpo hablábamos de las pedradas y las flechas que nos habían arrojado
a lo largo de nuestras vidas porque, según los grandes "ellos", nuestros cuerpos
tenían demasiado de esto y demasiado poco de lo otro. En nuestros relatos
entonábamos un canto de duelo por los cuerpos de los que no nos estaba permitido
gozar. Nos balanceábamos, bailábamos y nos mirábamos. Cada una de nosotras
pensaba que la otra era tan hermosa y misteriosa que nos parecía imposible
que los demás no lo creyeran así.
Qué sorpresa me llevé al enterarme de que, de mayor, ella había viajado a
Gambia en África Occidental y había conocido a algunos representantes de su
pueblo ancestral en cuya tribu, mira por dónde, muchas personas eran tan altas
y delgadas como los tejos y tenían los dientes frontales separados. Aquella separación,
le explicaron, se llamaba Sakaya Yallah, es decir, la "abertura de Dios" y
se consideraba una señal de sabiduría.
Y qué sorpresa se llevó ella al decirle yo que de mayor había viajado al istmo
de Tehuantepec en México y había conocido a algunos representantes de m¡
pueblo ancestral, los cuales, mira por dónde, eran una tribu de coquetas y gigantescas
mujeres de fuerte cuerpo y considerable volumen. Éstas me dieron unas
palmadas (1) y me palparon, comentando descaradamente que no estaba lo bastante
gorda. ¿Comía lo suficiente? ¿ Había estado enferma? Tenía que esforzarme en engordar, me explicaron, ya que las mujeres son la Tierra y son redondas como
ella, pues la tierra abarca muchas cosas .
Por consiguiente, en la representación, al igual que en nuestras vidas,
nuestras historias personales, que habían empezando siendo opresivas y deprimentes
a la vez, terminaban con alegría y un fuerte sentido del yo. Opalanga
comprende que su estatura es su belleza, su sonrisa es la de la sabiduría y la voz
de Dios está siempre cerca de sus labios. Y yo comprendo que mi cuerpo no está
separado de la tierra, que mis pies están hechos para asentarse firmemente en el
suelo y mi cuerpo es un recipiente destinado a contener muchas cosas. Gracias a
unos pueblos poderosos no pertenecientes a nuestra cultura de Estados Unidos,
aprendimos a atribuir un nuevo valor al cuerpo y a rechazar las ideas y el lenguaje
que insultaban el misterio del cuerpo o ignoraban el cuerpo femenino como
instrumento de sabiduría .
Experimentar un profundo placer en un mundo lleno de muchas clases de
belleza es una alegría de la vida, a la cual todas las mujeres tienen derecho.
Aprobar sólo una clase de belleza equivale en cierto modo a no prestar atención a
la naturaleza. No puede haber un solo canto de pájaro, una sola clase de pino,
una sola clase de lobo. No puede haber una sola clase de niño, de hombre o de
mujer. No puede haber una sola clase de pecho, de cintura o de piel.
Mis experiencias con las voluminosas mujeres de México me indujeron a
poner en tela de juicio toda una serie de premisas analíticas acerca de los distintos
tamaños y formas y en especial los pesos de las mujeres. Una antigua premisa
psicológica en particular se me antojaba grotescamente equivocada: la idea
según la cual todas las mujeres voluminosas tienen hambre de algo; la idea según
la cual "dentro de ellas hay una persona delgada que está pidiendo a gritos
salir". Cuando le comenté esta metáfora de la "mujer delgada que gritaba" a una
de las majestuosas mujeres de la tribu tehuana, ella me miró con cierta alarma.
¿Me estaba refiriendo acaso a la posesión de un mal espíritu?' (4) ¿Quién hubiera
podido tener empeño en poner una cosa tan mala en el interior de una mujer?",
me preguntó. No acertaba a comprender que los "curanderos" o cualquier otra
persona pudiera pensar que una mujer tenía en su interior a una mujer que gritaba
por el simple hecho de estar naturalmente gorda.
Emitir juicios destructivos
y excluyentes acerca de la forma heredada de una mujer equivale a despojarla de
toda una serie de importantes y valiosos tesoros psicológicos y espirituales. La
despoja del orgullo del tipo corporal que ha recibido de su linaje ancestral. Si la
enseñan a despreciar su herencia corporal, la mujer se sentirá inmediatamente
privad de su identificación corporal femenina con el resto de la familia.
Si la enseñan a odiar su propio cuerpo, ¿cómo podrá amar el cuerpo de su
madre que posee la misma configuración que el suyo (5), el de su abuela y los de
sus hijas? ¿Cómo puede amar los cuerpos de otras mujeres (y de otros hombres)
próximos a ella que han heredado las formas y las configuraciones corporales de
sus antepasados? Atacar de esta manera a una mujer destruye su justo orgullo de pertenencia a su propio pueblo y la priva del natural y airoso ritmo que siente
en su cuerpo cualquiera que sea su estatura, tamaño o forma. En el fondo, el y
ataque a los cuerpos de las mujeres es un ataque de largo alcance a la que las
han precedido y a las que las sucederán.
Esta invitación a esculpir el cuerpo es extremadamente parecida a la tarea
de desterronar, quemar y eliminar las capas de carne de la tierra hasta dejarla en
los huesos. Cuando hay una herida en la psique y el cuerpo de las mujeres, hay
una correspondiente herida en el mismo lugar de la cultura y, en último extremo,
en la propia naturaleza. En una auténtica psicología holística todos los mundos
se consideran interdependientes, no entidades separadas.
No es de extrañar que
en nuestra cultura se plantee la cuestión del modelado del cuerpo natural de la
mujer y se plantee la correspondiente cuestión del modelado del paisaje y también
el de algunos sectores de la cultura para su adaptación a la moda. Aunque
no esté en las manos de la mujer impedir la disección de la cultura y de las tierras
de la noche a la mañana, sí puede evitar hacer lo mismo en su cuerpo.
La naturaleza salvaje jamás ahogaría por la tortura del cuerpo, la cultura o
la tierra. La naturaleza salvaje jamás accedería a vulnerar la forma para demostrar
valor, "dominio" y carácter o para ser más visualmente agradable o más valiosa
desde el punto de vista económico.
Una mujer no puede conseguir que la cultura adquiera más conciencia diciéndole:
"Cambia." Pero puede cambiar su propia actitud hacia sí misma y hacer
que las proyecciones despectivas le resbalen. Eso se consigue recuperando el
propio cuerpo, conservando la alegría del cuerpo natural, rechazando la conocida
quimera según la cual la felicidad sólo se otorga a quienes poseen una cierta configuración
edad, actuando con decisión y de inmediato recuperando la verdadera
vida y viviéndola a tope. Esta dinámica autoaceptación y autoestima son los medios
con los cuales se pueden empezar a cambiar las actitudes de la cultura.
El cuerpo en los cuentos de hadas
Algunos dicen que el alma facilita información al cuerpo. Pero imaginemos
por un instante qué ocurriría si el cuerpo facilitara información al alma, la ayudara
a adaptarse a la vida material, la analizara, la tradujera, le facilitara una
hoja en blanco, tinta y una pluma con la cual pudiera escribir sobre nuestras vidas.
¿Y si, como en los cuentos de hadas de las formas cambiantes, el cuerpo
fuera un dios por derecho propio, un maestro, un mentor, un guía oficial? ¿Qué
Ocurriría entonces? ¿Es sensato pasarse toda la vida castigando a este maestro
que tiene tantas cosas que dar y enseñar? ¿ Queremos pasarnos toda la vida dejando
que otros quiten el mérito a nuestro cuerpo, lo juzguen y lo consideren defectuoso?
¿Somos lo bastante fuertes como para rechazar la línea telefónica compartida
y escuchar con verdadero interés lo que dice el cuerpo como si éste fuera
un ser poderoso y sagrado?
La idea que en nuestra cultura se tiene del cuerpo como simple escultura
es errónea. El cuerpo no es de mármol. No es ésa su finalidad. Su finalidad es
proteger, contener, apoyar y encender el espíritu y el alma que lleva dentro, ser
un receptáculo de la memoria, llenarnos de sentimiento, ése es el supremo alimento
psíquico. Es elevarnos y propulsarnos, llenarnos de sentimiento para demostrar
que existimos, que estamos aquí, darnos un fundamento, una fuerza y
un peso. Es erróneo considerarlo un lugar que abandonamos para poder elevarnos
hacia el espíritu. El cuerpo es el promotor de estas experiencias. sin el cuerpo
no existirían las sensaciones del cruce de los umbrales, no existiría la sensación de elevación ni la de altura e ingravidez. Todo eso procede del cuerpo. El cuerpo es la plataforma de lanzamiento del cohete. En su cápsula el alma contempla
a través de la ventanilla la misteriosa noche estrellada y se queda deslumbrada.
El poder de las caderas
Yo viví a los veintitantos años dos experiencias decisivas, unas experiencias contrarias
a todo lo que hasta entonces me habían enseñado acerca del cuerpo. Durante
una concentración femenina de una semana de duración vi por la noche a
la vera del fuego cerca de las calientes aguas termales a una mujer desnuda de
unos treinta y cinco años; sus Pechos estaban fláccidos de tanto dar a luz y su
vientre estaba surcado de estrías causadas por los embarazos. Yo era muy joven
y recuerdo que me compadecí de las agresiones sufridas en su hermosa y delicada
piel. Alguien estaba tocando unas maracas y unos tambores y ella se puso a
bailar mientras su cabello, sus pechos, su piel y sus miembros se movían en distintas
direcciones. Qué hermosa me pareció, qué llena de vida. Su gracia era
conmovedora. Siempre me había fascinado la expresión "fuego en las ingles", pero
aquella noche lo vi. Vi el poder de sus caderas. Vi lo que me habían enseñado a
ignorar, el poder del cuerpo de una mujer cuando está animado por dentro. Casi
tres décadas después, aún me parece verla bailar en la noche y aún me impresiona
el poder de su cuerpo.
Mi segundo despertar tuvo por protagonista a una mujer mucho mayor.
Sus anchas caderas tenían forma de pera, sus pechos era muy pequeños en
comparación con ellas, tenía los muslos surcados por unas finas venitas moradas
y una larga cicatriz de una grave intervención quirúrgica le rodeaba el cuerpo
desde la caja torácica hasta la columna vertebral, cual sí fuera una mondadura
circular como las que se hacen al pelar una manzana. El contorno de su cintura
debía de medir más de un metro.
En aquel momento me pareció un misterio que los hombres zumbaran a su
alrededor como si fuera un panal de miel. Querían dar un bocado a sus muslos
voluminosos, querían lamer la cicatriz, sostener su pecho en sus manos, apoyar
las mejillas sobre sus venas en forma de arañas. Su sonrisa era deslumbradora,
sus andares eran preciosos y, cuando miraba, sus ojos captaban realmente lo
que veían. Entonces vi por segunda vez lo que me habían enseñado a ignorar, el
poder que hay en el cuerpo. El poder cultural del cuerpo es su belleza, pero el
poder que hay en el cuerpo es algo extremadamente insólito, pues casi todas las
personas lo han alejado de sí con las torturas a que someten la carne o con la
vergüenza que ésta les produce.
Bajo esta luz la mujer salvaje puede indagar en la numinosidad de su propio
cuerpo, comprenderlo y verlo no como un peso que estamos obligadas a soportar
durante toda la vida, no como una bestia de carga, mimada o no, que nos
lleva por la vida sino como una serie de puertas, sueñas y poemas a través de los
cuales podemos aprender y conocer toda suerte de cosas. En la psique salvaje, el
cuerpo se considera un ser de pleno derecho, un ser que nos ama y que depende
de nosotras y para el cual a veces somos una madre mientras que otras veces él
es una madre para nosotras.
La danza de la mariposa
Los visitantes que sueñan con la frágil belleza de una delicada mariposa
experimentan un inevitable sobresalto cuando ven saltar a María Luján (15). Es
gorda, decididamente gorda, como la Venus de Willendorf, como la Madre de los
Días, como la mujer de proporciones heroicas que pintó Diego Rivera, la que
construyó la Ciudad de México con un solo quiebro de la muñeca.
Y, además, María Luján es vieja, muy, muy vieja, como si hubiera regresado
del polvo, tan vieja como el viejo río y como los viejos pinos que crecen en el
lindero del bosque. Lleva un hombro al aire. Su manta negra y roja salta arriba y
abajo con ella dentro. Su pesado cuerpo y sus huesudas piernas le confieren el
aspecto de una araña que brinca, envuelta en un tamal.
Salta sobre un pie y después sobre el otro. Agita su abanico de Plumas
hacia delante y hacia atrás. Es la Mariposa que llega para fortalecer a los débiles.
Es alguien a quien casi todo el mundo consideraría débil: por la edad, por el
hecho de representar a una mariposa, por ser mujer.
El cabello de la Doncella Mariposa llega hasta el suelo. Es de color gris piedra
y tan abundante como diez gavillas de maíz. Y luce unas alas de mariposa
como las que llevan los niños en las representaciones teatrales escolares
La mariposa los pajaros del alma
Salta, salta y salta, pero no como un conejo sino con unas pisadas que dejan
ecos.
"Estoy aquí, aquí, aquí...
"Estoy aquí, aquí, aquí...
"¡ Despertad todos, todos, todos!"
Agita su abanico de plumas arriba y abajo, derramando sobre la tierra y
sobre el pueblo de la tierra el espíritu polinizador de la mariposa. Sus pulseras de
caparazones de molusco suenan como los cascabeles de una serpiente y sus ligas
adornadas con cascabeles tintinean como la lluvia. La sombra de su voluminoso
vientre y de sus delgadas piernas baila de uno a otro lado del círculo. Sus pies
levantan a su espalda unas pequeñas polvaredas.
Las tribus participan con actitud reverente. Pero algunos visitantes se miran
unos a otros y murmuran: "¿Es eso? ¿Ésa es la Doncella Mariposa?"
Están
desconcertados y algunos incluso decepcionados. Parece que ya no recuerdan
que el mundo espiritual es un lugar donde las lobas son mujeres, los osos son
maridos y las viejas de considerables dimensiones son mariposas.
Sí, es bueno que la Mujer Salvaje/Mariposa sea vieja y gorda, pues lleva el
mundo de las tormentas en un pecho y el mundo subterráneo en el otro. Su espalda
es la curva del planeta Tierra con todas sus cosechas, sus alimentos y sus
animales. Su nuca sostiene el amanecer y el ocaso. Su muslo izquierdo contiene
todas las estacas de las cabañas indias, su muslo derecho contiene todas las lobas
del mundo. Su vientre contiene todos los niños que nacerán en el mundo.
La Doncella Mariposa es la fuerza fertilizadora femenina. Transportando el
polen de un lugar a otro, fecunda con fertilización cruzada tal como el alma fertiliza
la mente con los sueños nocturnos y tal como los arquetipos fertilizan el
mundo material. Ella es el centro. Une los contrarios, tomando un poco de aquí y
poniéndolo allí. La transformación es así de sencilla. Eso es lo que ella enseña.
Eso es lo que hace la mariposa. Eso es lo que hace el alma.
La Mariposa rectifica la errónea idea según la cual la transformación sólo
está destinada a los atormentados, los santos o los extremadamente fuertes. El
Yo no necesita transportar montañas para transformarse. Un poco es suficiente.
Un poco da para mucho. La fuerza polinizadora sustituye el traslado de las montañas.
La Doncella Mariposa poliniza las almas de la tierra. Es más fácil de lo que
tú piensas, dice. Agita su abanico de plumas y salta, pues el! derramando el polen
espiritual sobre todos los presentes, los americanos nativos, los niños pequeños,
los visitantes, todo el mundo. Utiliza todo su cuerpo como bendición, su viejo,
frágil, voluminoso, paticorto, cuellicorto y manchado cuerpo. Ésta es la mujer
unida a su naturaleza salvaje, la traductora de lo instintivo, la fuerza fertilizadora,
la reparadora, la recordadora de las antiguas ideas. Es La voz mitológica. Es la
personificación de la Mujer Salvaje.
La bailarina mariposa tiene que ser vieja porque representa el alma, que es
vieja. Es ancha de muslos y ancha de trasero porque acarrea muchas cosas. Su
cabello gris atestigua que ya no necesita respetar los tabús que impiden tocar a
la gente. Está autorizada a tocar a todo el mundo: a los chicos, a los niños, a las
mujeres, a las niñas, a los viejos, a los enfermos, a los muertos. La Mujer Mariposa
puede tocar a todo el inundo. Tiene el privilegio de poder tocar finalmente a
todo el mundo. Éste es su poder. Su cuerpo es el de la Mariposa.
El cuerpo es como la tierra. Es una tierra en sí mismo. Y es tan vulnerable
al exceso de edificaciones como cualquier paisaje, pues también está dividido en
parcelas, aislado, sembrado de minas y privado de su poder. No es fácil reconvertir
a la mujer salvaje mediante planes de remodelación. Para ella lo más importante
no es cómo formar sino cómo sentir.
El pecho en todas sus formas desarrolla la función de sentir y alimentar.
¿Alimenta? ¿Siente? Es un buen pecho.
Las caderas son anchas y con razón, pues llevan dentro una satinada cuna
de marfil para la nueva vida. Las caderas de una mujer son batangas para el
cuerpo superior y el inferior; son pórticos, son un mullido cojín, asideros del
amor, un lugar detrás del cual se pueden esconder los niños. Las piernas están
destinadas a llevarnos y a veces a propulsarnos; son las poleas que nos ayudan a
elevarnos, son un anillo para rodear al amante. No pueden ser demasiado esto o
demasiado lo otro. Son lo que son.
En los cuerpos no hay ningún "tiene que ser". Lo importante no es el tamaño,
la forma o los años y ni siquiera el hecho de tener un par de cada cosa, pues
algunos no lo tienen. Lo importante desde el punto de vista salvaje es si el cuerpo
siente, si tiene una buena conexión con el placer, con el corazón, con el alma, con
lo salvaje. ¿Es feliz y está ,legre? ¿Puede moverse a su manera, bailar, menearse,
oscilar, empujar? Es lo único que importa.
Cuando yo era pequeña, me llevaron a visitar el Museo de Historia Natural
de Chicago. Allí vi las esculturas de Malvina Hoffman, docenas de esculturas de
bronce oscuro de tamaño natural reunidas en una espaciosa sala. La artista
había esculpido con visión salvaje cuerpos generalmente desnudos de personas
de todo el mundo.
Derramaba su amor sobre la enjuta pantorrilla del cazador, los largos pechos
de la madre con dos hijos mayores, los conos de carne del pecho de la virgen,
las pelotas del viejo colgando hasta medio muslo, la nariz con unas ventanas
más grandes que los ojos, la nariz curvada como el pico de un halcón, la nariz
como un ángulo recto. Se había enamorado de las orejas tan grandes como semáforos
y de las orejas que casi llegaban a la altura de la barbilla y de las que eran
tan pequeñas como pacanas. Le encantaban cada uno de los cabellos enroscados
como los cestos de las serpientes y cada uno de los cabellos ondulados como
unas cintas que se desdoblaran o los cabellos lisos con—lo la hierba. Sentía el
amor salvaje del cuerpo. Comprendía el poder que había en el cuerpo. Ntozake Shange habla en su obra de para las chicas de color que han pensado
en el suicidio cuando basta el arco iris (16). En la obra, la mujer de morado
habla tras haber tratado con todas sus fuerzas de asumir todos los aspectos psíquicos
y físicos de su persona que la cultura ignora o desprecia. Y se resume a sí
misma en estas sabias y serenas palabras:
eso es lo que tengo...
poemas
grandes muslos
pequeñas tetas
y
muchísimo amor.
Fuente: Textos del libro "Mujeres que corren con los Lobos" de Clarissa Pinkola Estés






















































































































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