.. recordar el camino de regreso a casa ...
Un hombre fue a casa del sastre Szabó y se probó un traje. Mientras permanecía
de pie delante del espejo se dio cuenta de que la parte inferior del chaleco
era un poco desigual.
—Bueno, no se preocupe por eso —le dijo el sastre—. sujete el extremo más
corto con la mano izquierda y nadie se dará cuenta.
Mientras así lo hacía, el cliente se dio cuenta de que la solapa de la chaqueta
se curvaba en lugar de estar plana.
—Ah, ¿eso? —dijo el sastre—. Eso no es nada. Doble un poco la cabeza y
alísela con la barbilla.
El cliente así lo hizo y entonces vio que la costura interior de los pantalones
era un poco corta y notó que la entrepierna le apretaba demasiado.
—Ah, no se preocupe por eso —dijo el sastre—. Tire de la costura hacia
abajo con la mano derecha y todo le caerá perfecto.
El cliente accedió a hacerlo y se compró el traje. Al día siguiente se puso el
nuevo traje, "modificándolo" con la ayuda de la mano y la barbilla. Mientras cruzaba
el parque aplanándose la solapa con la barbilla, tirando con una mano del
chaleco y sujetándose la entrepierna con la otra, dos ancianos que estaban jugando a las damas interrumpieron la partida al verle pasar renqueando por delante
de ellos.
—¡M’Isten, Oh, Dios mío! —exclamó el primer hombre—. ¡Fíjate en este
pobre tullido!
El segundo hombre reflexionó un instante y después dijo en un susurro:
—Igen, sí, lástima que esté tan lisiado, pero lo que yo quisiera saber... es de
dónde habrá sacado un traje tan bonito.
menos y otras más. Al mismo tiempo, estas mujeres me han contado muchos
cuentos de animales heridos, que en los últimos diez años han aumentado
considerablemente (tanto en los hombres como en las mujeres). Difícilmente podríamos
pasar por alto el hecho de que el aumento de los sueños de animales
heridos coincide con los destrozos de lo salvaje tanto en el interior como en el exterior
de las personas.
Cuando prolongamos demasiado
nuestra estancia, nosotras también perdemos las ideas, nuestra relación con el
alma se debilita y la circulación de la sangre disminuye y se reduce su velocidad.
La mujer foca empieza a cojear, sus ojos pierden la humedad y empieza a quedarse
ciega. Cuando ya hace tiempo que tendríamos que estar en casa, nuestros
ojos ya no brillan por nada, nuestros huesos están cansados y es como si se
abrieran las vainas de nuestros nervios y ya no pudiéramos concentrarnos la
quiénes somos ni en lo que hacemos.
Cuando una mujer lleva demasiado tiempo lejos de casa, cada vez se siente
menos capaz de avanzar por la vida. En lugar de tirar de un arnés elegido por ella
misma, cuelga del que le han impuesto. Está tan exhausta y aturdida que pasa
cansinamente por delante del lugar en el que podría hallar alivio y consuelo. La
camada muerta está integrada por ideas, tareas y exigencias que no dan resultado,
carecen de vida y no le aportan ninguna vida. La mujer que se encuentra en
semejante estado palidece pero se vuelve irritable, es cada vez más exigente pero, al mismo tiempo, está más dispersa. Su vela arde y es cada vez más corta. La cultura
popular lo llama "consumirse", pero es algo más que eso, es hambre del alma.
Cuando se llega a este extremo, no queda más remedio que hacer una cosa;
la mujer sabe finalmente, no que quizá o que a lo mejor volverá a casa sino que
tiene que volver a casa.
El regreso a casa es especialmente importante cuando la mujer ha estado
ocupada con cuestiones del mundo exterior y ha permanecido en él demasiado
tiempo. ¿Qué duración tiene este tiempo? En cada mujer es distinta, pero baste
decir que las mujeres saben con absoluta certeza cuándo han permanecido demasiado
tiempo en el mundo y ya es hora de regresar casa. Sus cuerpos están en
el aquí y el ahora, pero sus mentes están muy lejos.
El arquetipo de la gran sanadora sugiere sabiduría, bondad, conocimiento,
solicitud y todas las demás cualidades que se asocian con una sanadora. Por
consiguiente, es bueno ser generosa, amable y servicial como el arquetipo de la
gran sanadora. Pero sólo hasta cierto punto. Más allá de él ejerce una influencia
entorpecedora en nuestras vidas. El impulso que experimentan las mujeres de
"curarlo todo y arreglarlo todo" es una peligrosa trampa creada por las exigencias
que nos impone nuestra cultura y que consisten sobre todo en las presiones que
nos obligan a demostrar que no estamos ahí sin hacer nada como unos pasmarotes
sino que poseemos un valor amortizable; podríamos decir incluso que en algunas
partes se nos obliga a demostrar que valemos para algo y que, por consiguiente,
tenernos derecho a vivir. Estas presiones se introducen en nuestra psique
cuando somos muy jóvenes e incapaces de juzgar y oponer resistencia. Más
tarde las presiones se convierten en ley, a no ser que las desafiemos o hasta que
nos decidamos a hacerlo.
Para empezar, una mujer tiene que alejarse, estar consigo misma y examinar
de qué manera se quedó atrapada en un arquetipo . Tiene que recuperar y
desarrollar el instinto de conservación salvaje que establece "sólo hasta aquí y no
más, sólo esto y nada más". Así es como la mujer conserva la orientación. Es preferible
irse a casa durante algún tiempo aunque ello provoque el enfado de los
demás, antes que quedarse y deteriorarse y tener que alejarse finalmente a rastras,
cubierta de andrajos.
Por consiguiente, las mujeres que están cansadas y transitoriamente hartas
del mundo, que temen tomarse un poco de tiempo libre o interrumpir sus actividades,
¡ya es hora de que despierten! Que cubran con una manta el gong que las
llama para que colaboren constantemente en esto, aquello o lo de más allá. Ya
retirarán la manta a la vuelta si así lo desean. Si no regresamos a casa cuando es
el momento, perdemos la concentración. El hecho de encontrar de nuevo la piel,
ponérnosla, ajustárnosla bien y regresar a casa nos ayuda a ser más eficaces en
nuestra actuación a la vuelta.
Es la capacidad de encontrar tanto de día como de noche el propio hogar. Todas
sabemos cómo regresar a casa. Por mucho tiempo que haya transcurrido, sabemos
¿ Dónde está el hogar?" es más complicada,
pero se trata en cierto modo de un lugar interior, de un lugar del tiempo
más que del espacio, en el que una mujer se siente entera. El hogar está allí donde
un pensamiento o un sentimiento se puede conservar sin que se interrumpa o
nos sea arrebatado porque otra cosa exige nuestro tiempo y nuestra atención. A
lo largo de los siglos las mujeres han encontrado miles de maneras de tenerlo y
crearlo, aunque sus deberes y sus tareas fueran interminables.
El hogar es la prístina vida instintiva que funciona tan suavemente como
un eje que se desliza sobre su engrasado cojinete, donde todos los ruidos suenan
bien, la luz es agradable y los olores nos tranquilizan en lugar de alarmarnos. La
manera en que una pase el tiempo a la vuelta no tiene importancia. Lo esencial
es cualquier cosa que revitalice el equilibrio. Eso es el hogar.
Allí no sólo hay tiempo para meditar sino también para aprender y descubrir
lo olvidado, lo abandonado y lo enterrado. Allí podemos imaginar el futuro y
examinar también los mapas de las cicatrices de la psique, averiguar sus causas
y adónde iremos a continuación.
Cuando una mujer se concentra con los ojos
del alma, ve el hogar en muchísimos lugares.
¿Durante cuánto tiempo puede permanecer una mujer en su casa?
Hasta que pueda o hasta que sienta la necesidad de regresar de allí. ¿Con
cuánta frecuencia necesita hacerlo? Con mucha más frecuencia si la mujer es
"sensible" y desarrolla una gran actividad en el mundo exterior. Con menos frecuencia
si tiene una piel muy dura y no transcurre tanto tiempo "allí afuera". Cada
mujer sabe en su fuero interno con cuánta frecuencia y durante cuánto tiempo
lo necesita. Es cuestión de valorar el brillo de nuestros propios ojos, la resonancia
de nuestro estado de ánimo, la vitalidad de nuestros sentidos.
cotidiana, nuestros pasados traumas y alegrías, nuestros temores y esperanzas
para el futuro se transmiten al alma, la cual hace comentarios acerca de ellos durante
nuestros sueños nocturnos, transmite sus sentimientos a través de nuestro
cuerpo o nos traspasa con un instante de inspiración en cuyo extremo va prendida
una idea.
La Mujer Salvaje es una combinación de sentido común y sentido del alma.
La mujer medial es su doble y es también capaz de experimentar ambas cosas.
Como el niño del cuento, la mujer medial pertenece a este mundo pero puede viajar
sin dificultad hasta las honduras de la psique. Algunas mujeres tienen este don innato. Otras lo adquieren. No importa la forma en que una mujer lo consiga, pero uno de los efectos del regreso habitual a casa es el fortalecimiento de la mujer medial de la psique cada vez que una mujer va y viene.
SALIR A LA SUPERFICIE
El prodigio y el dolor del regreso al lugar del hogar salvaje estriba en que
podemos visitarlo, pero no podemos quedarnos en él. Por muy maravilloso que
sea el hogar más profundo que imaginar se pueda, no podemos permanecer para
siempre bajo el agua sino que tenemos que salir de nuevo a la superficie.
Para una mujer moderna, el ulu, es decir, el cuchillo, simboliza la perspicacia,
la disposición y la capacidad de alejarse de lo superfluo, de imponerse unos
objetivos claros y de labrarse unos nuevos principios. La capacidad de encender
el fuego representa su capacidad de levantarse después de un fracaso, de crear
pasión en su propio nombre y de quemar algo hasta dejarlo reducido a cenizas en
caso necesario. Las piedras labradas encarnan el recuerdo de su propia conciencia
... vive lo que ha aprendido bajo...
El agua, la vida de relación con el alma salvaje. Entonces nos sentimos rebosantes
El agua, la vida de relación con el alma salvaje. Entonces nos sentimos rebosantes
de redobles de tambor, de cantos, de cosas escuchadas y de nuestras propias
palabras; de nuevos poemas, nuevas maneras de ver y nuevas maneras de actuar
y de pensar. En lugar de procurar que "la magia se prolongue", nos limitamos
simplemente a vivir. En lugar de oponer resistencia o atemorizarnos ante la tarea
que hemos elegido, penetramos suavemente en ella; vivas, llenas de nuevos conocimientos
y ansiosas de ver lo que ocurrirá a continuación. A fin de cuentas, la
persona que ha regresado a casa ha sobrevivido..
Para poder conversar con lo femenino salvaje una mujer tiene que abandonar
transitoriamente el mundo y sumirse en un estado de soledad en el sentido
más antiguo de la palabra. Hace tiempo, el adjetivo inglés alone (solo), equivalía a
dos palabras: all one (20), es decir, "todo uno". Ser todo uno significaba ser una
unidad total, una unicidad, tanto con carácter esencial como transitorio. Éste es
precisamente el objetivo de la soledad, ser totalmente uno mismo. Es la mejor
cura para el estado de extremo cansancio tan habitual en las mujeres modernas,
el que las induce a "saltar a la grupa de su caballo y lanzarse al galope en todas
una abundancia de provisiones salvajes que el alma nos transmite. En tiempos
antiguos, tal como sabemos a través de los escritos de los médicos—sanadores
religiosos y místicos, la soledad deliberada era no sólo paliativa sino también preventiva.
Se utilizaba para curar la fatiga y prevenir el cansancio. También se usaba como oráculo como medio para escuchar el yo interior y pedirle unos consejos y una guía imposibles de escuchar en medio del estruendo de la vida cotidiana.
Las mujeres de la antigüedad y las modernas aborígenes solían crear un lugar sagrado para esta clase de comunión y búsqueda. Dicen que tradicionalmente se establecía durante el período menstrual de las mujeres, pues en estos días una mujer vive mucho más cerca de su propio conocimiento que de costumbre;
Las mujeres de la antigüedad y las modernas aborígenes solían crear un lugar sagrado para esta clase de comunión y búsqueda. Dicen que tradicionalmente se establecía durante el período menstrual de las mujeres, pues en estos días una mujer vive mucho más cerca de su propio conocimiento que de costumbre;
el espesor de la membrana que separa la mente inconciente de la conciente se reduce considerablemente. Los sentimientos, los recuerdos, las sensaciones que normalmente están bloqueados penetran en la conciencia sin ninguna dificultad.
Si una mujer se adentra en la soledad en este período, tiene más material para examinar.
Si una mujer se adentra en la soledad en este período, tiene más material para examinar.
No obstante, en mis intercambios con las mujeres de las tribus de Norte,
Centro y Sudamérica así como con las de algunas tribus eslavas, descubro que
los "lugares femeninos" se utilizaban en cualquier momento y no sólo durante la
menstruación; más aún, cada mujer disponía de su propio "lugar femenino", el
cual consistía a menudo en un determinado árbol o punto de la orilla del río o en
algún espacio de un bosque o un desierto natural o una gruta marina.
Mi experiencia en el análisis de las mujeres me lleva a pensar que buena parte de los trastornos premenstruales de las mujeres modernas no es sólo un síndrome físico sino también una consecuencia de su necesidad insatisfecha de dedicar el tiempo suficiente a revitalizarse y renovarse .
Siempre me río cuando alguien menciona a los primeros antropólogos, según los
cuales en muchas tribus las mujeres que menstruaban se consideraban "impuras"
y eran obligadas a alejarse del poblado hasta que "terminaban". Todas las
mujeres saben que, aunque hubiera un forzoso exilio ritual de este tipo, cada una
de ellas sin excepción, al llegar este momento, abandonaba la aldea con la cabeza
tristemente inclinada, por lo menos hasta que se perdía de vista, y después rompía
repentinamente a bailar y se pasaba el resto del camino muerta de risa.
Como en el cuento, si practicamos habitualmente la soledad deliberada, favorecemos
nuestra conversación con el alma salvaje que se acerca a nuestra orilla.
Y lo hacemos no sólo para "estar cerca" de la naturaleza salvaje del alma sino
también, como en la mística tradición de tiempos inmemoriales, para hacer preguntas
y para que el alma nos aconseje.
¿Cómo se evoca el alma? Hay muchas maneras: por medio de la meditación
o con los ritmos de la carrera, el tambor, el canto, la escritura, la composición
musical, las visiones hermosas, la plegaria, la contemplación, el rito y los rituales,
el silencio e incluso los estados de ánimo y las ideas que nos fascinan. Todas
estas cosas son llamadas psíquicas que hacen salir el alma de su morada.
No obstante, yo soy partidaria de los métodos que no requieren ningún accesorio
y que se pueden poner en práctica tanto en un minuto como en un día entero. Lo cual exige la utilización de la mente para evocar el yo del alma. Todo el
mundo está familiarizado por lo menos con un estado mental en el que puede alcanzar esta clase de soledad. En mi caso, la soledad es algo así como un bosque plegable que llevo conmigo dondequiera que voy y que extiendo a mi alrededor cuando lo necesito. Allí me siento bajo los viejos y grandes árboles de mi infancia.
Desde esta posición estratégica hago mis preguntas, recibo las respuestas y después reduzco de nuevo mi bosque al tamaño de un billetito amoroso hasta la próxima vez. La experiencia es inmediata, breve e informativa.
En realidad, lo único que hace falta para alcanzar una soledad deliberada es la capacidad para desconectarse de las distracciones. Una mujer puede aprender a aislarse de otras personas, ruidos y conversaciones, aunque se encuentre en medio de las discusiones de un consejo de administración, aunque la persiga la idea de que tiene que limpiar una casa que está patas arriba, aunque esté rodeada de ochenta locuaces parientes que se pasan tres días peleándose, cantando
y bailando en un velatorio.
Aunque probablemente todas preferiríamos visitar nuestro hogar de una manera más prolongada, marcharnos sin que nadie supiera dónde estamos y regresar mucho después, también es útil practicar la soledad en una sala ocupadapor mil personas. Puede resultar raro al principio, pero lo cierto es que las personas conversan constantemente con el alma. Sin embargo, en lugar de entrar en este estado de una forma conciente, muchas caen en él de golpe a través de un ensueño o "estallan" de repente y se "encuentran" en él sin más.
Pero, puesto que normalmente se considera una circunstancia desafortunada, hemos aprendido a camuflar este intervalo de comunicación espiritual designándolo
con términos mundanos tales como "hablar con una misma", estar "perdida en los propios pensamientos", tener "la mirada perdida en la distancia" o "pensar en las musarañas". Muchos segmentos de nuestra cultura nos inculcan este lenguaje eufemístico, pues por desgracia ya en la infancia se nos enseña a avergonzarnos si nos sorprenden conversando con el alma, sobre todo, en ambientes tan pedestres como el lugar de trabajo o la escuela.
En cierto modo, el mundo educativo y empresarial considera que el tiempo que una persona pasa siendo "ella misma" es improductivo cuando, en realidad,
es el más fecundo. El alma salvaje canaliza las ideas hacia nuestra imaginación, donde nosotras las clasificamos para decidir cuáles de ellas pondremos en práctica
y cuáles son más aplicables y fructíferas. La unión con el alma nos hace brillar de resplandor espiritual y nos induce a afirmar nuestras cualidades cualesquiera que éstas sean.
El siete se considera a menudo un número femenino, un número místico que representa la división del ciclo lunar en cuatro fases equivalentes al ciclo menstrual.
El cuarto creciente, la luna llena, el cuarto menguante y la luna nueva. En las antiguas tradiciones étnicas femeninas, en la fase de la luna llena se tenía que analizar la propia situación: el estado de las amistades, de la vida hogareña, del compañero y de los hijos.
Nosotras también podemos hacerlo durante nuestra fase de soledad, pues es entonces cuando reunimos todos los aspectos del yo en un momento determinado, los sondeamos y les preguntamos, para descubrir qué desean ellos/nosotros/el alma en aquel momento y, a ser posible, buscarlo. De esta manera tanteamos nuestra situación presente. Hay muchos aspectos de nuestra vida que tenemos que evaluar con carácter continuado: el hábitat, el trabajo, la vida creativa, la familia, la pareja, los hijos, el padre/la madre, la sexualidad, la vida espiritual, etc.
La medida utilizada en la valoración es muy sencilla: ¿qué es lo que necesita más? Y: ¿qué es lo que necesita menos? Preguntarnos desde el yo instintivo, no con una lógica formal, no a la manera del ego sino a la manera de la Mujer Salvaje, qué trabajo, ajustes, flexibilizaciones o acentuaciones se tienen que
hacer. ¿Seguimos todavía el rumbo que debemos seguir en espíritu y en alma?
¿Se nos nota por fuera vida interior? ¿Qué tenemos que entablillar, proteger, lastrar o aligerar? ¿Qué tenemos que desechar, mover o cambiar?
Tras un período de práctica, el efecto acumulativo de la soledad deliberada
empieza a actuar como un sistema respiratorio de vital importancia, un ritmo natural
de adición de conocimientos, introducción de pequeños ajustes y repetida
eliminación de lo que ya no sirve. Se trata de algo no sólo poderoso sino también
pragmático, pues la soledad ocupa un lugar muy bajo en la cadena alimenticia;
aunque la intención y el seguimiento cuestan un poco, es algo que se puede
hacer en cualquier lugar y momento. Con el tiempo y con la práctica, empezarás
a formular espontáneamente preguntas al alma. Algunas veces sólo tendrás una
pregunta. Otras veces no tendrás ninguna y sólo querrás descansar en la roca
cerca del alma y respirar con ella.
El agua clara: El alimento de la vida creativa
La creatividad cambia de forma. En determinado momento tiene una forma
y al siguiente tiene otra. Es como un espíritu deslumbrador que se nos aparece a
todos, pero que no se puede describir, pues nadie se pone de acuerdo acerca de
lo que ha visto en medio de aquel brillante resplandor. ¿Son el manejo de los
pigmentos y los lienzos o los desconchados de la pintura y el papel de la pared
unas pruebas de su existencia? ¿Qué tal el papel y la pluma, los macizos de flores
que bordean la calzada del jardín o la construcción de una universidad? Sí,
por supuesto. ¿Planchar bien un cuello de camisa, organizar una revolución?
También. ¿Tocar amorosamente las hojas de una planta, concertar el "acuerdo de
tu vida", cerrar el telar, encontrar la propia voz, amar bien a alguien? También.
¿Sostener en brazos el cálido cuerpo de un recién nacido, educar a un niño hasta
la edad adulta, ayudar a una nación a levantarse? También. ¿Cuidar el matrimonio
como el vergel que efectivamente es, excavar en busca del oro de la psique,
encontrar una palabra hermosa, confeccionar una cortina de color azul? Todo eso
es fruto de la vida creativa. Todas estas cosas pertenecen a la Mujer Salvaje, al
Río Bajo el Río que fluye incesantemente hacia nuestra Vida.
Algunos dicen que la vida creativa está en las ideas y otros dicen que está en las obras. En la mayoría
de los casos da la impresión de encontrarse en un ser sencillo. No es la virtud, aunque eso está muy bien, Es el amor, es amar algo —tanto si es una persona como si es una palabra, una imagen, una idea, la tierra o la humanidad— hasta el extremo de que todo lo que se pueda hacer con lo sobrante sea una creación.
No es cuestión de querer, no es un acto individual de voluntad; es simplemente
algo que se tiene que hacer.
La fuerza creativa discurre por el terreno de nuestra psique buscando los huecos naturales, los arroyos que existen en nosotras. Nosotras nos convertimos en sus tributarios, en sus cuencas; somos sus estanques, sus charcos, sus corrientes y sus santuarios. La fuerza creativa salvaje discurre por los techos que tengamos, por los innatos y por los que nosotras cavamos con nuestras propias manos. No tenemos que llenarlos, sólo tenemos que construirlos.
En la tradición arquetípica se tiene la idea de que si alguien prepara un lugar psíquico especial, el ser, la fuerza creativa, la fuente de¡ alma se enterará, se abrirá camino hacia él y establecerá en él su morada. Tanto si esta fuerza es convocada por el bíblico "sigue adelante y prepara un lugar para el alma" como si lo es por una voz que, como en la película Field of Dreams en la que un campesino oye una voz que lo insta a construir un campo de golf para los espíritus de los jugadores difuntos, le dice: "Si lo construyes, ellos vendrán", el hecho de preparar un lugar adecuado propicia la venida de la gran fuerza creativa.
En cuanto este gran río subterráneo encuentra sus estuarios y sus brazos en nuestra psique, nuestra vida creativa se llena y se vacía, sube y baja en las distintas estaciones exactamente igual que un río salvaje. Estos ciclos dan lugar a que las cosas se hagan, se alimenten, decaigan y mueran a su debido tiempo,
una y otra vez.
La creación de algo en un punto determinado del río alimenta a los que se acercan a él, a las criaturas que se encuentran corriente abajo y a las del fondo.
La creatividad no es un movimiento solitario. En eso estriba su poder. Cualquier cosa que toque, quienquiera que la oiga, la vea o la perciba, lo sabe y se alimenta.
Es por eso por lo que la contemplación de la palabra, la imagen o la idea creativa de otra persona nos llena y nos inspira en nuestra propia labor creativa.
Un solo acto creativo tiene el poder de alimentar a todo un continente. Un acto creativo puede hacer que un torrente traspase la piedra.
Por esta razón, la capacidad creativa de una mujer es su cualidad más valiosa, pues se ve por fuera y la alimenta por dentro a todos los niveles: psíquico, espiritual, mental, emotivo y económico La naturaleza salvaje derrama incesantes posibilidades, actúa a modo de canal del parto, confiere fuerza, apaga la sed, sacia nuestra hambre de la profunda vida salvaje. En una situación ideal, el río creativo ningún dique y ningún desvío y, sobre todo, no se utiliza indebidamente
El río de la Mujer Salvaje nos alimenta y nos convierte en unos seres que son como ella: dadores de vida. Mientras nosotras creamos, este ser salvaje y misterioso nos crea a su vez y nos llena de amor. Somos llamadas a la vida de la
misma manera que las criaturas lo son por el sol y el agua. Estamos tan vivas que damos vida a nuestra vez; estallamos, florecemos, nos dividimos y multiplicamos, fecundarnos, incubamos, transmitimos, ofrecemos.
Está claro que la creatividad emana de algo que se levanta, rueda, avanza impetuosamente y se derrama en nosotras, no de algo que permanece inmóvil esperando —aunque sea de manera tortuosa e indirecta— que nosotras encontremos
el camino que conduce hacia él. En este sentido jamás podemos "perder" nuestra creatividad. Está siempre ahí, llenándonos o chocando con cualquier obstáculo que se interponga en su camino. Si no encuentra ninguna salida para
llegar hasta nosotras, retrocede, hace acopio de energía y embiste con fuerza hasta que consigue abrir una brecha. La única manera de evitar su insistente energía consiste en levantar constantes barreras contra ella o dejar que la negligencia y el negativismo destructivo la envenenen.
¿Cómo se evoca el alma? Hay muchas maneras: por medio de la meditación
o con los ritmos de la carrera, el tambor, el canto, la escritura, la composición
musical, las visiones hermosas, la plegaria, la contemplación, el rito y los rituales,
el silencio e incluso los estados de ánimo y las ideas que nos fascinan. Todas
estas cosas son llamadas psíquicas que hacen salir el alma de su morada.
No obstante, yo soy partidaria de los métodos que no requieren ningún accesorio
y que se pueden poner en práctica tanto en un minuto como en un día entero. Lo cual exige la utilización de la mente para evocar el yo del alma. Todo el
mundo está familiarizado por lo menos con un estado mental en el que puede alcanzar esta clase de soledad. En mi caso, la soledad es algo así como un bosque plegable que llevo conmigo dondequiera que voy y que extiendo a mi alrededor cuando lo necesito. Allí me siento bajo los viejos y grandes árboles de mi infancia.
Desde esta posición estratégica hago mis preguntas, recibo las respuestas y después reduzco de nuevo mi bosque al tamaño de un billetito amoroso hasta la próxima vez. La experiencia es inmediata, breve e informativa.
En realidad, lo único que hace falta para alcanzar una soledad deliberada es la capacidad para desconectarse de las distracciones. Una mujer puede aprender a aislarse de otras personas, ruidos y conversaciones, aunque se encuentre en medio de las discusiones de un consejo de administración, aunque la persiga la idea de que tiene que limpiar una casa que está patas arriba, aunque esté rodeada de ochenta locuaces parientes que se pasan tres días peleándose, cantando
y bailando en un velatorio.
Aunque probablemente todas preferiríamos visitar nuestro hogar de una manera más prolongada, marcharnos sin que nadie supiera dónde estamos y regresar mucho después, también es útil practicar la soledad en una sala ocupadapor mil personas. Puede resultar raro al principio, pero lo cierto es que las personas conversan constantemente con el alma. Sin embargo, en lugar de entrar en este estado de una forma conciente, muchas caen en él de golpe a través de un ensueño o "estallan" de repente y se "encuentran" en él sin más.
Pero, puesto que normalmente se considera una circunstancia desafortunada, hemos aprendido a camuflar este intervalo de comunicación espiritual designándolo
con términos mundanos tales como "hablar con una misma", estar "perdida en los propios pensamientos", tener "la mirada perdida en la distancia" o "pensar en las musarañas". Muchos segmentos de nuestra cultura nos inculcan este lenguaje eufemístico, pues por desgracia ya en la infancia se nos enseña a avergonzarnos si nos sorprenden conversando con el alma, sobre todo, en ambientes tan pedestres como el lugar de trabajo o la escuela.
En cierto modo, el mundo educativo y empresarial considera que el tiempo que una persona pasa siendo "ella misma" es improductivo cuando, en realidad,
es el más fecundo. El alma salvaje canaliza las ideas hacia nuestra imaginación, donde nosotras las clasificamos para decidir cuáles de ellas pondremos en práctica
y cuáles son más aplicables y fructíferas. La unión con el alma nos hace brillar de resplandor espiritual y nos induce a afirmar nuestras cualidades cualesquiera que éstas sean.
El siete se considera a menudo un número femenino, un número místico que representa la división del ciclo lunar en cuatro fases equivalentes al ciclo menstrual.
El cuarto creciente, la luna llena, el cuarto menguante y la luna nueva. En las antiguas tradiciones étnicas femeninas, en la fase de la luna llena se tenía que analizar la propia situación: el estado de las amistades, de la vida hogareña, del compañero y de los hijos.
Nosotras también podemos hacerlo durante nuestra fase de soledad, pues es entonces cuando reunimos todos los aspectos del yo en un momento determinado, los sondeamos y les preguntamos, para descubrir qué desean ellos/nosotros/el alma en aquel momento y, a ser posible, buscarlo. De esta manera tanteamos nuestra situación presente. Hay muchos aspectos de nuestra vida que tenemos que evaluar con carácter continuado: el hábitat, el trabajo, la vida creativa, la familia, la pareja, los hijos, el padre/la madre, la sexualidad, la vida espiritual, etc.
La medida utilizada en la valoración es muy sencilla: ¿qué es lo que necesita más? Y: ¿qué es lo que necesita menos? Preguntarnos desde el yo instintivo, no con una lógica formal, no a la manera del ego sino a la manera de la Mujer Salvaje, qué trabajo, ajustes, flexibilizaciones o acentuaciones se tienen que
hacer. ¿Seguimos todavía el rumbo que debemos seguir en espíritu y en alma?
¿Se nos nota por fuera vida interior? ¿Qué tenemos que entablillar, proteger, lastrar o aligerar? ¿Qué tenemos que desechar, mover o cambiar?
Tras un período de práctica, el efecto acumulativo de la soledad deliberada
empieza a actuar como un sistema respiratorio de vital importancia, un ritmo natural
de adición de conocimientos, introducción de pequeños ajustes y repetida
eliminación de lo que ya no sirve. Se trata de algo no sólo poderoso sino también
pragmático, pues la soledad ocupa un lugar muy bajo en la cadena alimenticia;
aunque la intención y el seguimiento cuestan un poco, es algo que se puede
hacer en cualquier lugar y momento. Con el tiempo y con la práctica, empezarás
a formular espontáneamente preguntas al alma. Algunas veces sólo tendrás una
pregunta. Otras veces no tendrás ninguna y sólo querrás descansar en la roca
cerca del alma y respirar con ella.
Jung dijo: "Sería mucho más fácil reconocer nuestra pobreza espiritual...
Cuando el espíritu pesa, se dirige hacia el agua... Por consiguiente, el camino del
alma... conduce al agua."
El agua clara: El alimento de la vida creativa
La creatividad cambia de forma. En determinado momento tiene una forma
y al siguiente tiene otra. Es como un espíritu deslumbrador que se nos aparece a
todos, pero que no se puede describir, pues nadie se pone de acuerdo acerca de
lo que ha visto en medio de aquel brillante resplandor. ¿Son el manejo de los
pigmentos y los lienzos o los desconchados de la pintura y el papel de la pared
unas pruebas de su existencia? ¿Qué tal el papel y la pluma, los macizos de flores
que bordean la calzada del jardín o la construcción de una universidad? Sí,
por supuesto. ¿Planchar bien un cuello de camisa, organizar una revolución?
También. ¿Tocar amorosamente las hojas de una planta, concertar el "acuerdo de
tu vida", cerrar el telar, encontrar la propia voz, amar bien a alguien? También.
¿Sostener en brazos el cálido cuerpo de un recién nacido, educar a un niño hasta
la edad adulta, ayudar a una nación a levantarse? También. ¿Cuidar el matrimonio
como el vergel que efectivamente es, excavar en busca del oro de la psique,
encontrar una palabra hermosa, confeccionar una cortina de color azul? Todo eso
es fruto de la vida creativa. Todas estas cosas pertenecen a la Mujer Salvaje, al
Río Bajo el Río que fluye incesantemente hacia nuestra Vida.
Algunos dicen que la vida creativa está en las ideas y otros dicen que está en las obras. En la mayoría
de los casos da la impresión de encontrarse en un ser sencillo. No es la virtud, aunque eso está muy bien, Es el amor, es amar algo —tanto si es una persona como si es una palabra, una imagen, una idea, la tierra o la humanidad— hasta el extremo de que todo lo que se pueda hacer con lo sobrante sea una creación.
No es cuestión de querer, no es un acto individual de voluntad; es simplemente
algo que se tiene que hacer.
La fuerza creativa discurre por el terreno de nuestra psique buscando los huecos naturales, los arroyos que existen en nosotras. Nosotras nos convertimos en sus tributarios, en sus cuencas; somos sus estanques, sus charcos, sus corrientes y sus santuarios. La fuerza creativa salvaje discurre por los techos que tengamos, por los innatos y por los que nosotras cavamos con nuestras propias manos. No tenemos que llenarlos, sólo tenemos que construirlos.
En la tradición arquetípica se tiene la idea de que si alguien prepara un lugar psíquico especial, el ser, la fuerza creativa, la fuente de¡ alma se enterará, se abrirá camino hacia él y establecerá en él su morada. Tanto si esta fuerza es convocada por el bíblico "sigue adelante y prepara un lugar para el alma" como si lo es por una voz que, como en la película Field of Dreams en la que un campesino oye una voz que lo insta a construir un campo de golf para los espíritus de los jugadores difuntos, le dice: "Si lo construyes, ellos vendrán", el hecho de preparar un lugar adecuado propicia la venida de la gran fuerza creativa.
En cuanto este gran río subterráneo encuentra sus estuarios y sus brazos en nuestra psique, nuestra vida creativa se llena y se vacía, sube y baja en las distintas estaciones exactamente igual que un río salvaje. Estos ciclos dan lugar a que las cosas se hagan, se alimenten, decaigan y mueran a su debido tiempo,
una y otra vez.
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| Travis Schilling |
La creación de algo en un punto determinado del río alimenta a los que se acercan a él, a las criaturas que se encuentran corriente abajo y a las del fondo.
La creatividad no es un movimiento solitario. En eso estriba su poder. Cualquier cosa que toque, quienquiera que la oiga, la vea o la perciba, lo sabe y se alimenta.
Es por eso por lo que la contemplación de la palabra, la imagen o la idea creativa de otra persona nos llena y nos inspira en nuestra propia labor creativa.
Un solo acto creativo tiene el poder de alimentar a todo un continente. Un acto creativo puede hacer que un torrente traspase la piedra.
Por esta razón, la capacidad creativa de una mujer es su cualidad más valiosa, pues se ve por fuera y la alimenta por dentro a todos los niveles: psíquico, espiritual, mental, emotivo y económico La naturaleza salvaje derrama incesantes posibilidades, actúa a modo de canal del parto, confiere fuerza, apaga la sed, sacia nuestra hambre de la profunda vida salvaje. En una situación ideal, el río creativo ningún dique y ningún desvío y, sobre todo, no se utiliza indebidamente
El río de la Mujer Salvaje nos alimenta y nos convierte en unos seres que son como ella: dadores de vida. Mientras nosotras creamos, este ser salvaje y misterioso nos crea a su vez y nos llena de amor. Somos llamadas a la vida de la
misma manera que las criaturas lo son por el sol y el agua. Estamos tan vivas que damos vida a nuestra vez; estallamos, florecemos, nos dividimos y multiplicamos, fecundarnos, incubamos, transmitimos, ofrecemos.
Está claro que la creatividad emana de algo que se levanta, rueda, avanza impetuosamente y se derrama en nosotras, no de algo que permanece inmóvil esperando —aunque sea de manera tortuosa e indirecta— que nosotras encontremos
el camino que conduce hacia él. En este sentido jamás podemos "perder" nuestra creatividad. Está siempre ahí, llenándonos o chocando con cualquier obstáculo que se interponga en su camino. Si no encuentra ninguna salida para
llegar hasta nosotras, retrocede, hace acopio de energía y embiste con fuerza hasta que consigue abrir una brecha. La única manera de evitar su insistente energía consiste en levantar constantes barreras contra ella o dejar que la negligencia y el negativismo destructivo la envenenen.
Si buscamos con ansia la energía creativa; si tenemos problemas con el dominio de la fertilidad, la imaginación y la ideación; si tenemos dificultades para centrarnos en nuestra visión personal, actuar en consecuencia o llevarla a su cumplimiento, significa que algo ha fallado en la confluencia entre las fuentes y el afluente. A lo mejor, nuestras aguas creativas discurren a través de un ambiente contaminado en el que las formas de vida de la imaginación mueren antes de alcanzar la madurez. Con harta frecuencia, cuando una mujer se ve despojada de su vida creativa, todas estas circunstancias se encuentran en la raíz de la situación.
Hay también otras posibilidades más insidiosas. A lo mejor, una mujer admira tanto las cualidades de otra y/o los aparentes beneficios adquiridos o recibidos por otra que se convierte en una experta en el arte de la imitación y se conforma tristemente con ser una mediocre copia en lugar de desarrollar las propias cualidades hasta sus más absolutas y sorprendentes profundidades. A lo mejor, la mujer está atrapada en una adoración o una hiperfascinación por sus heroínas y no sabe cómo socavar sus inimitables dones. A lo mejor, tiene miedo porque las aguas son muy profundas, la noche es oscura y el camino es muy largo; justo las condiciones necesarias para el desarrollo de las varias y originales cualidades propias.
Cuando la creatividad se queda estancada de alguna manera, el resultado siempre es el mismo: ausencia de frescor, debilitamiento de la fertilidad, imposibilidad de que las formas inferiores de vida vivan en los intersticios de las formas de vida superiores, imposibilidad de producir una idea en contraposición a otra,
de incubar, de engendrar nueva vida. Entonces nos sentimos enfermas y queremos seguir adelante. Vagamos sin rumbo fingiendo que nos las podemos arreglar sin la lujuriante vida creativa o bien simulándola; pero no podemos y no debemos. Para que regrese la vida creativa, hay que limpiar y clarificar las aguas. Tenemos que adentrarnos en el fango, purificar los elementos contaminados, abrir de nuevo las aberturas, proteger la corriente de futuros daños.
El reconocimiento individual del valor de las propias facultades y los métodos necesarios para poder cuidar de la vida creativa que las rodea. Detrás de las acciones de escribir, pintar, pensar, curar, hacer, guisar, conversar, sonreír, realizar, está siempre el Ría Bajo el Río que alimenta todo lo que hacemos.
Los ojos de las mujeres se encienden cuando crean, sus palabras cantan alegremente, sus rostros resplandecen de vida y hasta parece que se intensifica el brillo de su cabello. La idea las excita, las
posibilidades las estimulan, el pensamiento las apasiona y, al llegar a este punto, tal como ocurre con el gran río, tienen que fluir sin interrupción por su incomparable camino creativo.
creativo y lo salvaje, tanto los que se refieren a la contaminación de la pureza representada
por la perjudicial niebla que una vez se extendió sobre la isla de Lecia,
donde se guardaban las madejas con que las Moiras tejían la vida de los seres
humanos.
En cambio, cuando la vida creativa se muere porque no cuidamos la salud
del río, la situación es muy distinta. Entonces sentimos exactamente lo mismo
que el río moribundo; experimentamos pérdida de energía y nos sentimos cansadas;
nada se arrastra, nada es fangoso, nada deja hojas, nada se enfría ni se calienta.
Nos volvemos espesas y lentas en sentido negativo y estamos envenenadas
por la contaminación o por una acumulación de tareas atrasadas y un estancamiento
de todas nuestras riquezas. Todo parece contaminado, turbio y tóxico.
¿Cómo se puede haber contaminado la vida creativa de una mujer? Toda
esta embarradura de la vida creativa invade las cinco fases de la creación: la inspiración,
la concentración, la organización, la puesta en práctica y el mantenimiento.
Las mujeres que han perdido una o más fases dicen que "no se les ocurre"
nada nuevo, útil o empático.
A veces no pueden amalgamar toda la mecánica de la organización Y su
proyecto queda diseminado y fragmentado en cien lugares distintos. A veces los
problemas surgen como consecuencia de la ingenuidad con que una mujer se
plantea su propia extroversión: cree que por actuar un poco en el mundo exterior,
ha hecho algo importante. Pero eso equivale a hacer los brazos, pero no las piernas
o la cabeza de una cosa y considerarla terminada. La mujer se siente necesariamente
incompleta.
A veces una mujer tropieza con su propia introversión y se limita a desear
que las cosas existan; a veces puede creer que el simple hecho de pensar una
idea ya es suficiente y no es necesaria ninguna otra manifestación exterior. Lo
malo es que, aun así, se siente desposeída e incompleta. Todas estas cosas son
manifestaciones de la contaminación del río. Lo que se fabrica no es la vida sino
algo que la entorpece.
Otras veces la mujer se siente atacada por los que la rodean o por las voces
que le martillean la cabeza diciendo "Tu trabajo no está lo bastante bien, no es
suficientemente bueno, no es suficientemente tal cosa o tal otra. Es demasiado,
demasiado infinitesimal, demasiado insignificante, requiere demasiado tiempo, es
demasiado fácil, demasiado duro". Todo eso es como verter cadmio a las aguas
del río.
Los pretextos son otra forma de contaminación. A muchas escritoras, pintoras,
bailarinas y otras artistas les he oído alegar todos 105 pretextos que se han
inventado los seres humanos desde que el mundo es mundo. "Lo resolveré cualquier
día de estos." Y entretanto, la mujer sonríe para disimular su depresión.
"Procuro estar ocupada, he In—
tentado escribir un poquito; el año pasado hasta escribí dos poemas Y, en los últimos
dieciocho meses, he terminado un cuadro y he pintado parcialmente otro y,
además, la casa, los niños, el marido, mi amigo, el gato, el niño pequeño exigen
toda mi atención. Lo superaré, no tengo dinero, no tengo tiempo, no consigo buscar
un hueco, no puedo empezar hasta que tenga los mejores y los más caros instrumentos
o experiencias, ahora mismo no me apetece, no estoy de humor. Necesito
por lo menos un día de tiempo para hacerlo, es que, es que... "
La corriente creativa contaminada puede estallar
de repente en un incendio tóxico que no sólo queme el combustible de la basura
del no sino que convierta también en cenizas todas las formas de vida. La
acción simultánea de un número excesivo de complejos psíquicos puede provocar
unos daños inmensos en el río. Los complejos psicológicos negativos se yerguen y
ponen en tela de juicio la valía, la intención, la sinceridad y el talento de la mujer.
También le envían inequívocos mensajes, según los cuales tiene que "ganarse la
vida" haciendo cosas que la agoten, no le dejen tiempo para crear y destruyan su
voluntad de imaginar. Algunos de los robos y castigos preferidos que los malévolos
complejos imponen a la creatividad de las mujeres giran en torno a la concesión
al yo del alma de "tiempo para crear" en un lejano y nebuloso futuro. O a la
promesa de que, cuando la mujer disponga de varios días seguidos libres, empezará
finalmente la juerga. Pero todo es mentira. El complejo no tiene la menor
intención de cumplir las promesas.
Es otra manera de asfixiar el impulso creativo.
Las voces también pueden susurrar: "Sólo si obtienes un doctorado tendrás
un trabajo como Dios manda, sólo si te alaba la Reina, sólo si recibes tal o cual
galardón, sólo si te publican los trabajos en tal o cual revista, sólo si, si, si... "
Todos estos condicionales equivalen a atiborrar el alma de comida basura.
Una cosa es comer lo que sea y otra muy distinta alimentarse como es debido.
Con mucha frecuencia la lógica del complejo tiene muchos fallos aunque éste intente
convencer a la mujer de lo contrario.
Uno de los mayores problemas del complejo creativo es la acusación de que
cualquier cosa que haga la mujer no dará resultado porque no piensa con lógica,
no es lógica y lo que ha hecho hasta la fecha no es lógico, por cuyo motivo está
condenado al fracaso.
Ante todo, las fases Iniciales de la creación no son lógicas...
ni tienen por qué serlo. Si el complejo consigue con eso paralizar a la mujer, ya la tiene atrapada. Dile que se siente y se esté quieto o que se vaya hasta que hayas terminado. Recuerda que, si la lógica imperara en el mundo, todos los hombres montarían a caballo a mujeriegas.
He visto a muchas mujeres trabajar largas horas en actividades que despreciaban para poder permitirse el lujo de comprar objetos muy caros para sus casas, sus parejas o sus hijos. A tal fin, apartaban a un lado sus extraordinariascualidades. He visto a muchas mujeres empeñarse en limpiar toda la casa antes de sentarse a escribir, Y tú ya sabes lo que ocurre con las tareas domésticas, quenunca se terminan. Es un método infalible para obstaculizar la creatividad de una mujer.
La mujer tiene que cuidar de que una responsabilidad excesiva (o una respetabilidad
excesiva) no le roben los necesarios descansos, ritmos y éxtasis creativos.
Tiene que plantar firmemente los pies en el suelo y decir que no a la mitad
de las cosas que ella cree que "tendría" que hacer. El arte no se puede crear sólo
en momentos robados.
La dispersión de los planes y los proyectos como por obra del viento se produce cuando una mujer intenta organizar una idea creativa y ésta se le escapa volando una y otra vez y cada vez se vuelve más confusa y desordenada. No le sigue la pista de una forma concreta porque le falta tiempo para anotarlo todo por
escrito y organizarlo o está tan ocupada en otras cosas que pierde su sitio y no puede recuperarlo.
Es posible también que el proceso creativo de una mujer sea malinterpretado o despreciado por quienes la rodean. De ella depende informarles de que,
cuando sus ojos miran "de aquella manera", no significa que sea un solar vacío a la espera de ser ocupado. Significa que está sosteniendo en equilibrio un enorme
castillo de naipes de ideas sobre la punta de un solo dedo y está uniendo cuidadosamente todos los naipes entre sí por medio de un poco de saliva y unos diminutos
huesos de cristal y, si consigue depositarlo sobre la mesa sin que se caiga o se desmorone, podrá crear una imagen del mundo invisible. Hablarle en este momento equivale a levantar un viento de Arpía capaz de derribar toda la estructura. Hablarle en ese momento es romperle el corazón.
Pero una mujer puede provocarse ella misma este resultado convenciéndose
de la inutilidad de sus ideas hasta conseguir que éstas pierdan la capacidad
de despertar su entusiasmo o mostrándose complaciente con las personas que le
arrebatan subrepticiamente sus herramientas y sus materiales creativos u olvidando
simplemente comprar el equipo necesario para la realización de su trabajo
o deteniéndose y volviendo a empezar muchas veces permitiendo que todo el
mundo y su gato la interrumpan cuando les apetezca hasta que todo el proyecto
se derrumba. En el transcurso de una creación envenenada o estancada, la mujer "finge
dar de comer" al yo del alma. Procura no prestar atención al estado del animus.
Le echa un poco de taller por aquí y le suelta un poco de lectura por allá. Pero, al final, no hay chicha. La mujer no engaña a nadie más que a sí misma. Por consiguiente, cuando se muere este río, lo hace sin su corriente, sin su fuerza vital. Los hindúes dicen que, sin Shakti, la personificación de la fuerza vital femenina, Siva, que es la que preside la capacidad de actuar, se convierte enun cadáver. Ella es la energía vital que impulsa el principio masculino y éste, a
su vez, impulsa la actividad en todo el mundo. Vemos por tanto que en el río
tiene que haber un equilibrio razonable entre las contaminaciones y las purificaciones,
so pena de que se convierta en nada. Pero, para poder hacerlo, el ambiente
inmediato tiene que ser alimenticio y accesible. En cuestión de supervivencia,
está demostrado que, cuanto más escasean los requisitos esenciales —el alimento,
el agua, la seguridad y la protección— tanto más se reducen las alternativas.
Y cuantas menos alternativas haya, tanto más se reducirá la vida creativa, pues
la creatividad se nutre de las múltiples e interminables combinaciones de todas
las cosas.
El papel del animus representado
por el hidalgo, rey o mentor, en la psique de una mujer, debería ser el de ayudarla a desarrollar sus posibilidades y alcanzar sus objetivos, a manifestar las ideas y los ideales que ella aprecia, a sopesar la justicia y la honradez de las cosas, a cuidar de los armamentos, a poner en práctica una estrategia cuando se siente amenazada y a juntar todos sus territorios psíquicos.
Cuando el animus se ha convertido en una amenaza tal como vemos en este cuento, la mujer pierde confianza en sus decisiones. A medida que el animus se debilita a causa de su propio desequilibrio —sus engaños, sus robos, sus falsedades
para con ella—, el agua del río pasa a convertirse de algo que era esencial para la vida en algo a lo que hay que acercarse con las mismas precaucionesque se adoptan en presencia de un asesino a sueldo. Entonces se produce hambre en la tierra y contaminación en el río.
Las mujeres de talento, incluso cuando reivindican sus vidas creativas, incluso
cuando brotan cosas bellas de sus manos, de sus plumas y de sus cuerpos,
siguen dudando de su valía como escritoras, pintoras, artistas y personas reales.
Y por supuesto que son reales, por más que muchas veces se complazcan en
atormentarse poniendo en entredicho lo que es "real". Una campesina es una
campesina real cuando contempla la tierra y planifica las cosechas de la primavera.
Una corredora es real cuando da el primer paso, una flor es real cuando todavía
está en su tallo materno, un árbol es real cuando es todavía una semilla en la
piña del pino. Lo real es lo que tiene vida.
El desarrollo del animus varía de mujer a mujer. No es una criatura perfectamente
formada que brota de los muslos de los dioses — Aparentemente posee
una capacidad innata, pero tiene que "crecer", aprender y ser adiestrado. Su objetivo
es convertirse en una poderosa fuerza directa. Pero cuando el animus sufre
daño como con de las múltiples fuerzas de la cultura y el yo, una especie de cansancio,
de abatimiento o de indiferencia que algunos denominan "ser neutral" se
interpone entre el mundo interior de la psique y el mundo exterior de la página en
blanco, la tela vacía, la pista de baile, el consejo de administración o la reunión.
que nos espera. Este "algo" —por regla general con los ojos entornados, incomprendido
o mal utilizado— ensucia el río, obstruye los pensamientos, paraliza la
pluma y el pincel, traba las articulaciones durante un interminable período de
tiempo, forma costras sobre las nuevas ideas y nosotras sufrimos los efectos.
En la psique se produce un extraño fenómeno: cuando una mujer se encuentra
bajo los efectos de un animus negativo, cualquier intento de crear algo lo
induce a atacar a la mujer. Ésta piensa matricularse en algún curso o va a clase,
pero se queda atascada de golpe y se asfixia por falta de alimento y de apoyo. Una
mujer acelera, pero se queda constantemente rezagada. Cada vez hay más proyectos
de labor de punto sin terminar, más cuadros de flores jamás plantados,
más excursiones jamás realizadas, más notas jamás escritas para decir simplemente
"Tengo interés", más lenguas extranjeras jamás aprendidas, más lecciones
de música abandonadas, más tramas colgadas del telar, esperando y esperando...
Se trata de manifestaciones vitales deformadas.
En las mejores circunstancias arquetípicas
tendrían que atragantarse un poco y, como el ave fénix, renacer de las cenizas
bajo una nueva forma. Pero aquí algo malo le ocurre al animus y por eso la mujer
tropieza con dificultades para distinguir entre uno y otro impulso y ya no digamos
para manifestar y llevar a la práctica las propias ideas en el mundo. Y entretanto
el río está tan lleno de excrementos y complejos que de sus aguas no puede
brotar nada para la nueva vida.
Y, como consecuencia de ello, viene lo más difícil: tenemos que adentrarnos
en el cieno y buscar los valiosos dones que se ocultan debajo del mismo. Como La
Llorona, tenemos que rastrear el fondo del río en busca de nuestra vida del alma,
de nuestra vida creativa. Y otra cosa, también muy difícil: tenemos que limpiar el
río para que La Llorona pueda ver y tanto ella como nosotros podamos encontrar
las almas de los hijos y recuperar la paz que nos permita volver a crear.
Con su inmenso poder para devaluar lo femenino y su incapacidad para
comprender el carácter de puente de lo masculino ,la cultura agrava el efecto
de las "fábricas" y de la contaminación. Con harta frecuencia la cultura exilia el
animus de la mujer, formulando una de aquellas insolubles y absurdas preguntas
que los complejos consideran válidas y ante las cuales muchas mujeres se acobardan: "¿Eres de veras una auténtica escritora [artista, madre, hija, hermana, esposa, amante, trabajadora, bailarina, personal]?" "¿Tienes realmente algo que decir que merezca la pena [sea esclarecedor, ayude a la humanidad, encuentre el remedio para curar el ántrax]?"
No es de extrañar que, cuando su animus está ocupado con productos psíquicos de carácter negativo, el rendimiento de la mujer se vaya reduciendo conforme disminuye su confianza en el músculo creativo. Las mujeres que se encuentran en esta apurada situación me dicen, por ejemplo, que "no ven ninguna
salida" para su presunto calambre de escritora o no encuentran la manera de acabar con la causa que lo provoca. Su animus acapara todo el oxígeno del río y ellas se sienten "extremadamente cansadas" y experimentan una "enorme pérdida de energía", no consiguen "ponerse en marcha" y se sienten como "inmovilizadas por algo".
La recuperación del río
La naturaleza de la Vida/Muerte/Vida hace que el Destino, la relación, el
amor, la creatividad y todo lo demás se muevan de acuerdo con unas pautas amplias
y salvajes, las cuales se suceden en el siguiente orden: creación, desarrollo,
poder, disolución, muerte, incubación, creación y así sucesivamente. El robo o la
ausencia de ideas, pensamientos y sentimientos son el resultado de una corriente
alterada. He aquí de qué manera se puede recuperar el río.
Acepta alimento para iniciar la limpieza del río. Se nota que hay agentes
contaminantes que alteran el río cuando la mujer rechaza los sinceros cumplidos
que se le hacen a propósito de su vida creativa. Es posible que sólo haya una
moderada contaminación cuando por ejemplo la mujer contesta con aire indiferente:
"Es muy amable de tu parte hacerme este cumplido"; o puede haber una
grave contaminación: "Ah, es una birria" o "No estás en tus cabales". Una respuesta
a la defensiva es también un indicio de lo mismo "Pues claro que soy maravillosa.
¿Cómo no te habías dado cuenta? ". Todas estas reacciones denotan un animus herido.
Las cosas buenas fluyen hacia la mujer, pero el animus las envenena
de inmediato.
Para invertir el fenómeno, una mujer tiene que esforzarse en aceptar el
cumplido (aunque inicialmente parezca que esta vez se abalanza sobre él para
poder quedárselo todo para ella sola), saborearlo, combatir contra el malévolo
animus que quisiera decirle al que hace el cumplido: "Eso es lo que tú crees porque
no sabes la cantidad de errores que ha cometido, no te das cuenta de lo tonta
que es, etc.".
Los complejos negativos se sienten especialmente atraídos por las ideas
más sabrosas, revolucionarias y maravillosas y por las formas más audaces de creatividad. Por consiguiente, no hay vuelta de hoja, tenemos que buscar un animus que actúe con más claridad y apartar a un lado el antiguo, es decir, enviarlo a los archivos de la psique, donde se guardan los impulsos y los catalizadores, debidamente desinflados y doblados. Allí se convierten en objetos y dejan de
ser agentes de emociones.
textos del libro Las mujeres que corren con los lobos





















































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