2012/01/27

NO SOMOS LOS MISMOS DE AYER


Juan era el párroco del pueblo; José, el dueño del bar.
Era conocida por todos la enemistad que José sentía por el cura, al que acusaba de quitarle los clientes. Todos los días se lamentaba de la poca fortuna que tenía con su negocio pues apenas le daba para vivir. Juan, sin embargo, intentaba mantener la cordialidad con su vecino.
Un domingo, después de celebrar la misa, salía el cura de paseo y pasó por delante de la casa de José.
Se detuvo un instante y, de repente, una maceta de geranios le cayó
rozando el ala de su sombrero. Miró hacia el cielo y vio que tras los visillos, un hombre lo vigilaba.
José, desde su casa, notó que el cura lo había visto. ¡Diablos, he fallado por poco! Pero se puso a pensar: ¿Qué puedo hacer ahora?
Don Juan me ha visto y lo sabe. Dentro de nada, todo el pueblo se  enterará y nadie querrá pisar el negocio de una mala persona.
El párroco, por otro lado, recapacitaba: Me he salvado por poco.
Pensamos que nunca nos va a pasar nada y, fíjate, en un momento te
puedes ir para el otro barrio. ¿Qué le habré hecho a Don José para  que haya intentado hacerme daño? Al día siguiente, el cura, de camino a la iglesia, entró en el bar y se sentó en una mesa. José se quedó lívido. Se acercó y le sirvió un café.
- ¿No está usted enfadado?  –preguntó temblando.
- ¿Enfadado por qué? –respondió.
- Por lo de ayer…
- ¿Lo de ayer?  –respondió el párroco-.
Lo de ayer ya pasó y me ha dado mucho que pensar. Yo ya no soy el mismo… y seguramente tú tampoco. ¿Cómo voy a estar enfadado contigo?



Para profundizar


Haz una lista de las frases que hacemos para mantener vivo el rencor, por ejemplo:


  •  “Perdono pero no olvido…”
  • ¿Con cuántas personas tengo asuntos pendientes?
  • ¿Esta actitud me ayuda a ser más feliz?

Ponte en el lugar de Don Juan… y recuerda su aprendizaje: Yo ya no soy el mismo…

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Fuente: ATMAN

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