Por Issa en Senda Iluminada
El cuerpo humano es hermoso. Estar corporizado es un gran privilegio. Te relacionas con un lugar a través de tu cuerpo. No es casual que el concepto de lugar siempre ha fascinado a los humanos. El lugar nos ofrece una patria; sin él, careceríamos literalmente de dónde. El paisaje es la última expresión del dónde, y en éste la casa que llamamos nuestra es nuestro lugar íntimo. La casa es decorada y personalizada; adopta el alma de sus habitantes y se vuelve espejo de su espíritu. Sin embargo, en el sentido más profundo, el cuerpo es el lugar más íntimo. Tu cuerpo es tu casa de arcilla; es la única patria que posees en este universo. En tu cuerpo y a través de él, tu alma se vuelve visible y real para ti. Tu cuerpo es la casa de tu alma en la Tierra.
A veces parece existir una misteriosa correspondencia entre el alma y la presencia física del cuerpo. Esto no es verdad en todos los casos, pero con frecuencia permite vislumbrar la naturaleza del mundo interior de la persona. Existe una relación secreta entre nuestro ser físico y el ritmo de nuestra alma. El cuerpo es el lugar donde se revela el alma. Un amigo de Conamara me dijo una vez que el cuerpo es el ángel del alma. El cuerpo es el ángel que expresa el alma y vela por ella; siempre debemos cuidarlo con amor. Con frecuencia se convierte en el chivo emisario de los desengaños y venenos de la mente. El cuerpo está rodeado por una inocencia primordial, una luminosidad y bondad increíbles. Es el ángel de la vida.
El cuerpo puede alojar un inmenso espectro e intensidad de presencia. El teatro lo ilustra de manera notable. El actor tiene suficiente espacio interior para asumir un personaje, dejar que lo habite totalmente, de manera que la voz, la mente y la acción de éste se expresan de manera sutil e inmediata a través del cuerpo de aquél. El cuerpo encuentra su expresión más exuberante en el maravilloso teatro de la danza, esa escultura en movimiento. El cuerpo da forma al vacío de manera conmovedora, majestuosa. Un ejemplo emocionante de ello es la danza sean nos de la tradición irlandesa, en la cual el bailarín expresa con su cuerpo la agitación salvaje de la música.
Se cometen muchos pecados contra el cuerpo, incluso en una religión basada en la Encarnación. En la religión se presenta al cuerpo como la fuente del mal, la ambigüedad, la lujuria y la seducción. Es un concepto falso e irreverente. El cuerpo es sagrado. Estas concepciones negativas se originan en gran medida en las interpretaciones falsas de la filosofía griega. La belleza del pensamiento griego reside precisamente en que destacaba lo divino. Éste los acechaba y ellos trataban de reflejarlo, hallar en el lenguaje y el concepto una expresión de su presencia. Eran muy conscientes del peso del cuerpo y cómo parecía arrastrar a lo divino hacia la Tierra. Malinterpretaron esta atracción terrena, viendo en ella un conflicto con el mundo de lo divino. No concebían la Encarnación ni tenían la menor idea de la Resurrección.
Cuando la tradición cristiana incorporó la filosofía griega, introdujo este dualismo en su mundo intelectual. Se concebía al alma como algo bello, luminoso, bueno. El deseo de estar con Dios era propio de su naturaleza. Si no fuera por el peso indeseable del cuerpo, el alma habitaría constantemente lo eterno. Así, el cuerpo se volvió sospechoso en la tradición cristiana. Jamás floreció en ella una teología del amor erótico. Uno de los pocos textos donde aparece lo erótico es el bello Cantar de los Cantares, que celebra lo sensual y sensorial con maravillosa pasión y ternura. Este texto es una excepción, y sorprende su admisión en el canon de las Escrituras. En la tradición cristiana posterior, y sobre todo en la Patrística, el cuerpo es objeto de suspicacia y hay una obsesión negativa por la sexualidad. El sexo y la sexualidad aparecen como peligros en el camino de la salvación eterna. La tradición cristiana suele denigrar y maltratar la presencia sagrada del cuerpo. Sin embargo, ha servido de maravillosa fuente de inspiración para los artistas. Un bello ejemplo es El éxtasis de santa Teresa de Bernini, donde el cuerpo de la santa es presa de un rapto en el cual lo sensorial es inseparable de lo místico.


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